No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
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domingo, 22 de noviembre de 2015

Convicciones y responsabilidad




- Hola, amiga. ¿Cómo estás?

- Bien, gracias. ¿Y tú?

- Mal, pero acostumbrado.

- No voy a decir nada a eso. Sería un error, casi seguramente. Algunos hermanos piensan que estás encaprichado. Yo no estoy tan segura. Dices que te dejaron sin Dios, es algo muy profundo; uno supone que un capricho es más superficial.

- Veo que leíste mi último artículo, confesión, no sé cómo llamarlo.

- Sí, me encontré con un hermano que descubrió tu blog y anduvo leyendo. Me comentó lo que había descubierto y no fue muy agresivo contigo; parecía, más bien, estar apenado por lo que habías sufrido. Eso me llevó a entrar y leer yo también.

- Sí, entraron 55 veces en los días que van del 17 hasta hoy. No sé quiénes, pero hay algunos de Estados Unidos de América. Parece que hay dos que reciben aviso inmediato cuando publico. En cuanto subo el escrito, el sitio me informa que hay dos lecturas en EEUU. Curioso hecho.

- En el anterior escrito hablas de un análisis crítico de las publicaciones como parte de tu responsabilidad de hombre libre. Desearía que me aclararas algo más al respecto.

- Podríamos usar algo real, como una definición de fornicación dada por el esclavo.

- ¿A ver?

- Creo que fue en el año 1983 que se publicó esto en una Atalaya. Decía que fornicación era cualquier tipo de inmoralidad sexual que involucrara por lo menos dos personas y por lo menos un órgano sexual. Esto porque hubo casos judiciales en los que un integrante de una pareja de novios masturbaba al otro y alegaban que no era fornicación. La Sociedad, con mucho tino, decía que no era cristiano estar buscando tecnicismos para aproximarse lo más posible al pecado.

Analicemos esta definición. ¿Puedes imaginar algún caso no trivial que incumpla o, por lo menos, que haga dudar del cumplimiento de la definición?

- A ver… A ver… Es difícil, dejame (déjame) buscar.

[......]

- Te espero, no te preocupes.

- Humm. ¡Ya sé! Un hombre que contrata a dos prostitutas para que ellas jueguen sexualmente delante de él. Él no participa activamente del acto; es un observador.

- ¡Buen ejemplo, eres brillante!

- Gracias. Pienso que la definición se cumple. Hay dos o más personas involucradas y un órgano sexual como mínimo. Hay fornicación.

- El hombre podría decir que las prostitutas fornicaron, que él no. ¿Qué dices?

- Él es un fornicador pasivo. Tiene una parafilia y ha sido el autor intelectual y financista del pecado. Es partícipe pasivo.

- Totalmente de acuerdo. 

- Parece que es una buena definición. 

- Yo te pongo otro caso; algo real, no imaginario. Esto sucedió alguna vez, de la misma forma en que suceden cosas como la que describiste antes. Te cuento: a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, en Occidente había personas que consideraban que el sexo había sido creado por Dios tan solo para la reproducción, que el placer era un pecado, aún en el matrimonio. De tal forma que practicaban el sexo tan solo hasta que la mujer quedaba embarazada y la cubrían con una tela con un agujero convenientemente dispuesto para el fin. Estas pobres mujeres tenían, con suerte, unas tres o cuatro relaciones al año. Estaban un poco nervioshash (nerviosas), como Clarín. (Es una broma basada en la forma de hablar de un ex presidente argentino)

- ¡Ja! Sí, estarían nervioshash, pero más que Clarín. ¡Pobrecitas! Pero, ¿qué tiene que ver con la fornicación?

- Es que estas mujeres habían sido criadas en esas creencias hipócritamente moralistas y creían que era pecado gozar sexualmente con el marido. No podían imaginar, siquiera, transgredir esa regla. Pero la tensión resultaba insoportable; de modo que visitaban a su médico y éste les colocaba un vibrador con el fin de aliviar tensiones. ¿Qué hacía el vibrador?

- Las masturbaba… Entonces, Carlos, según la definición, serían fornicadores; tanto ellas como sus médicos. ¡Claro! Por lo menos dos personas y como mínimo un órgano sexual. Como en el caso de la pareja de novios en la que uno masturbaba al otro… Pero no me gusta, me parece injusto; algo no cierra. 

- ¡Cómo disfruto de hablar con vos! Lo que probablemente no te cierra, es que esas pobres mujeres ni siquiera se masturbaban ellas mismas, sino que iban por ayuda médica. Tampoco los profesionales tenían intenciones sexuales con ellas. Encontramos un caso que, formalmente, hace a la definición incompleta y hasta injusta, si la aplicamos a rajatabla.

- Comprendo. Si acepto todo sin analizarlo, puedo ser partícipe de un pecado y no me exime de responsabilidad, aunque haya atenuantes.

- Hay cosas que no podemos discutir. Si llega la orden de estar mañana en Plaza de Mayo, en ayunas y con un plumero en la mano derecha. ¡Vamos! ¡Sin chistar! Pero si viene el superintendente y me pide que te mate, mi conocimiento bíblico se opone y no hay escusa para mí. Yo no puedo alegar que obedecí y que, por eso, soy inocente. Los cristianos somos gente de fe, no crédulos, actuamos por convicciones firmes y, desde nuestro libre albedrío, somos responsables por todos nuestros actos.

Confiar en Dios




La última vez que nos vimos me dijiste que todo empezaba y terminaba en Graciela y que no mostraba fe en Jehová al no dejar que Él hiciera su voluntad sobre la situación personal de mi amiga. Estuve pensando al respecto. Me conmovió profundamente, porque Jehová no me es indiferente y, si todo era como me decías, la cosa se constituía en algo realmente serio.

Hace poco estudiamos el amor al prójimo. En la parábola del buen samaritano, dos supuestos siervos de Dios pasaron cerca del hermano herido y vilipendiado y no hicieron nada por él. Sin embargo, el samaritano lo atendió y pagó por que se le diera atención en una posada. Esto pudo haber terminado allí; pudo haber sido un rasgo sentimental que luego olvidaría. Pero él se comprometió a volver y a pagar cualquier gasto extra que no hubiera cubierto su pago inicial.

La Biblia no dice nada al respecto de los pensamientos del sacerdote y del levita. Ellos pudieran haber pensado: “Yo confío en Dios; él hará lo necesario para socorrer al caído”, o: “Si hiciera algo por él no estaría mostrando confianza en el poder de Dios”. Tampoco dice si el samaritano tenía fe y confianza. Pero una cosa es clara: el prójimo (próximo) fue el samaritano. Es más, fue él quien le hizo bien al judío caído. Y está escrito que toda dádiva buena procede de Dios. (Santiago 1: 17) ¿Por qué recurrir al milagro cuando hay un semejante cerca? ¿No estamos hechos a imagen y semejanza de Dios? – 1ª de Juan 4: 8, 16.

Cuando estudié la verdad, aprendí que el espíritu no hace por nosotros lo que nosotros podemos hacer, sino lo que está más allá de nuestras posibilidades. Por ejemplo: el espíritu puede hacer que yo recuerde un texto leído cuando sea necesario dar un testimonio; pero no puede hacer que recuerde lo que nunca leí. Hay una parte ineludible que nos corresponde y es responsabilidad nuestra. El resto está en manos de Dios. Cuando los levitas que portaban el Arca se enfrentaron al Jordán crecido y torrencial, era humanamente imposible que lo cruzaran. Debían dar un testimonio de fe. Ellos introdujeron sus pies en el agua y, solo después, el lecho del río quedó seco por milagro de Jehová. Ya habían dado testimonio y era un testimonio de fe, no de poder. El poder de Dios fue usado después para proveerles de lo que carecían: fuerza para cruzar el torrente con el Arca a cuestas o un camino llano. Mojar sus pies era la parte que les correspondía a esos hombres. No era correcto que ellos esperaran a que Jehová abriera el lecho del Jordán antes de manifestar fe y voluntad de servir al Dios de la promesa. Hacer nuestra parte no es muestra de falta de fe. Más de una vez, para hacer nuestra parte hay que tener fe.

Al pie de mis mensajes de correo electrónico se halla una firma que cita un proverbio chino: “Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito”. Así, literalmente, no está en la Biblia; pero uno puede encontrarlo “desmenuzado” en el Libro (1ª de Juan 4: 10; Romanos 5: 6-8). Tampoco está la frase de la película “Love Story”: “Amar es nunca tener que pedir perdón”. Pero está implícita en 1ª a los Corintios 13: 1-8 y en Romanos 13: 8-10. ¿Cómo tengo que actuar para nunca pedir perdón? Como dicen los textos bíblicos citados. ¿Y cómo hago para efectuar lo que piden los textos? Amando al otro más que a mí mismo.

Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, aunque muy lejos de la sublime altura de Jehová. Pero, más modestamente, “a lo barro”, amamos y necesitamos amor. El amor es el más importante principio bíblico, el fundamental, el que nunca dejará de ser: “8[…] Pero sea que haya [dones de] profetizar, serán eliminados; sea que haya lenguas, cesarán; sea que haya conocimiento, será eliminado. 9 Porque tenemos conocimiento parcial y profetizamos parcialmente; 10 pero cuando llegue lo que es completo, lo que es parcial será eliminado. 11 […] 13 Ahora, sin embargo, permanecen la fe, la esperanza, el amor, estos tres; pero el mayor de estos es el amor.” (1ª a los Corintios 13: 8-10, 13)

Cuando Jehová nos deja un bien, no espera que lo enterremos por miedo a perderlo (Mateo 25: 14-27). ¿Qué hacemos con el amor que Dios nos dio, lo enterramos? (1ª de Juan 4: 18. Ni temor del Amo, ni temor por el co-esclavo nuestro. Hay que amar sin tapujos, con todo el corazón – 1ª de Pedro 1: 22)

Es cierto que hay que amar a Dios por sobre todas las cosas. Pero eso no significa que debamos dejar al más débil por Jehová. (Lucas 15: 4-6; Mateo 18: 12-14) La justicia, cuando hay amor, se modera por la misericordia y la misericordia se ejerce con el más débil, con el que más necesita una ayuda, otra oportunidad. Pero no es solamente la justicia; el amor atiende primero al que más necesita. Jehová es Todopoderoso, nuestros hermanos, barro, como nosotros. ¿Cómo se puede amar al que no se ve si no podemos amar a los que vemos? – 1ª de Juan 4: 20.

Mi amor no empieza y termina en Graciela. Es cierto que ella es la persona que más amo del cielo para abajo. Amo muchísimo a otras personas, pero no tanto como a ella. Y no es que no pueda amar de igual forma a otros; es que no me dejan desarrollar un amor mayor. Graciela me abrió las puertas de su casa y las de su corazón. Los dos dejamos de lado los miedos y construimos una relación de amor. Los demás, unos más y otros menos, se comportan como tortugas: movés un dedo un poco bruscamente y se esconden dentro de su caparazón; no abandonan su coraza, no sacan a tomar aire a su corazón, no se arriesgan.

¿Es un amor exagerado? ¿Se puede exagerar en el amor cuando Jesús mandó que amáramos al otro más que a uno mismo, hasta dar la vida por él? Aún si hubiera pecado por haberme excedido, por una suerte codicia amatoria, me queda una esperanza: Lucas 7: 47. Todos necesitamos a Dios. Yo necesitaba ir a la asamblea. Pero Graciela estaba pasándola mal y ella era la débil, la que necesitaba ayuda. No alcanzó para los dos. Yo perdí, por elección. No tenía para viajar ni para comer. Bueno, para comer no importa, tampoco tuve en mi casa; pero no fían los boletos de micro.



“13 No se maravillen, hermanos, de que el mundo los odie. 14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. 15 Todo el que odia a su hermano es homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene la vida eterna [como cosa] permanente en él. 16 En esto hemos venido a conocer el amor, porque aquel entregó su alma por nosotros; y nosotros estamos obligados a entregar [nuestras] almas por [nuestros] hermanos. 17 Pero cualquiera que tiene los medios de este mundo para el sostén de la vida, y contempla a su hermano pasar necesidad, y sin embargo le cierra la puerta de sus tiernas compasiones, ¿de qué manera permanece el amor de Dios en él? 18 Hijitos, no amemos de palabra ni con la lengua, sino en hecho y verdad.” –  1ª de Juan 3: 13-18.

¿Cómo podía asistir a un banquete espiritual sabiendo que ella no tenía para comer? ¿Estoy obligado a entregar mi alma por ella –o cualquier otro –, pero no puedo sacrificar una comida, aunque sea espiritual?

Soy algo así como un samaritano figurativo. Es posible que sea despreciado por muchos, como los samaritanos concretos. En los dos meses que Graciela estuvo sin trabajo “pasaron de largo” muchos levitas y sacerdotes. Si Dios ayudó a Graciela, esa ayuda vino a través de mí. Yo fui el prójimo de Graciela. No es por jactarme, pero fui el único.

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Este artículo es un correo electrónico enviado a una precursora amiga [el 23 de agosto de 2014] en ocasión de una de las tantas discusiones en torno a este tema. Después de la línea punteada anterior (que no estaba en el mensaje), terminaba así: 

«Perdón, si te molesta. No tuve a flor de labios esta respuesta cuando hablamos. Después de pensarlo, dio a luz.

Te la mando por amor, no por censura ni nada por el estilo. Simplemente, es lo que me impulsó a hacer lo que hice. Lo que soy.

Gracias por tu sinceridad y por tu compañía. No hace falta coincidir en una opinión para disfrutar de una persona. 

Cariños.» 

Se me ha dicho que debería ponerme contento porque "me están cuidando" (un precursor especial y anciano). ¿De qué? La Primera Carta a los Corintios, capítulo 13, versículo 7, dice que el amor todo lo espera y todo lo cree. Ni me creyeron, ni me esperaron. Antes bien, prohibieron un amor. La primera Carta de Juan, capítulo 4, versículo 8, dice que Dios es amor. La Sociedad enseña que Jehová es la personificación del amor.  Así que, al prohibir un amor limpio, lo que hicieron es prohibirme a Dios, me dejaron sin Dios. Si prohiben el amor, no representan al Dios que predican. Todo lo que enseñan es verdad, pero no la manera en la que viven, escondidos y asustados, sin compromiso por el otro. Moral intachable, pero a costa de una distancia sideral entre las personas. El que se mantiene limpio por estar encerrado en una burbuja estéril, podrá ser un asceta, pero nunca un virtuoso. Virtuoso es el que se arriesga a su propio barro y al ajeno y, sin embargo, se mantiene limpio.

Citas bíblicas:

 "17 Toda dádiva buena y todo don perfecto es de arriba, porque desciende del Padre de las luces [celestes], y con él no hay la variación del giro de la sombra." (Santiago 1: 17)



"8 El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor." (...) "Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en unión con Dios, y Dios permanece en unión con él." (1 Juan 4: 8, 16)



"10 El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados." (1 Juan 4: 10)



"6 Porque, de hecho, Cristo, mientras todavía éramos débiles, murió por impíos al tiempo señalado. 7 Porque apenas muere alguien por un [hombre] justo; en realidad, por el [hombre] bueno, quizás, alguien hasta se atreva a morir. 8 Pero Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros." (Romanos 5: 6-8)


"13 Si hablo en las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, he venido a ser un [pedazo de] bronce sonante o un címbalo estruendoso. 2 Y si tengo el don de profetizar y estoy enterado de todos los secretos sagrados y de todo el conocimiento, y si tengo toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. 3 Y si doy todos mis bienes para alimentar a otros, y si entrego mi cuerpo, para jactarme, pero no tengo amor, de nada absolutamente me aprovecha.
4 El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, 5 no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. 6 No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 7 Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta.
8 El amor nunca falla."  (1 Corintios 13: 1-8)


"8 No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley. 9 Porque el [código]: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar”, y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley." (Romanos 13: 8-10)

"14 ”Porque es justamente como un hombre que, estando para emprender un viaje al extranjero, mandó llamar a sus esclavos y les encargó sus bienes. 15 Y a uno dio cinco talentos; a otro, dos; y a otro, uno, a cada uno según su propia habilidad, y se fue al extranjero. 16 Inmediatamente, el que recibió los cinco talentos se fue y negoció con ellos y ganó otros cinco. 17 Así mismo, el que recibió los dos ganó otros dos. 18 Pero el que recibió solamente uno se fue, y cavó en la tierra y escondió el dinero en plata de su amo.
19 ”Después de mucho tiempo vino el amo de aquellos esclavos y ajustó cuentas con ellos. 20 De modo que se presentó el que había recibido cinco talentos y trajo cinco talentos más, diciendo: ‘Amo, me encargaste cinco talentos; mira, gané otros cinco talentos’. 21 Su amo le dijo: ‘¡Bien hecho, esclavo bueno y fiel! Fuiste fiel sobre unas cuantas cosas. Te nombraré sobre muchas cosas. Entra en el gozo de tu amo’. 22 En seguida se presentó el que había recibido los dos talentos, y dijo: ‘Amo, me encargaste dos talentos; mira, gané otros dos talentos’. 23 Su amo le dijo: ‘¡Bien hecho, esclavo bueno y fiel! Fuiste fiel sobre unas cuantas cosas. Te nombraré sobre muchas cosas. Entra en el gozo de tu amo’.
24 ”Por último se presentó el que había recibido un solo talento, y dijo: ‘Amo, yo sabía que eres hombre exigente, que siegas donde no sembraste y recoges donde no aventaste. 25 De modo que me dio miedo, y me fui, y escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo tuyo’. 26 En respuesta, su amo le dijo: ‘Esclavo inicuo e indolente, ¿conque sabías que yo segaba donde no sembraba y recogía donde no aventaba? 27 Pues, entonces, deberías haber llevado como depósito mis dineros en plata a los banqueros, y, al llegar yo, estaría recibiendo lo que es mío con interés." (Mateo 25: 14-27)


"18 No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor ejerce una restricción. En verdad, el que está bajo temor no ha sido perfeccionado en el amor." (1 Juan 4: 18)

"22 Ahora que ustedes han purificado sus almas por [su] obediencia a la verdad con el cariño fraternal sin hipocresía como resultado, ámense unos a otros intensamente desde el corazón." (1 Pedro 1: 22)

“¿Qué hombre de ustedes que tiene cien ovejas, al perder una de ellas, no deja las noventa y nueve atrás en el desierto y va en busca de la perdida hasta que la halla? 5 Y cuando la ha hallado, la pone sobre sus hombros y se regocija. 6 Y cuando llega a casa convoca a sus amigos y a sus vecinos, y les dice: ‘Regocíjense conmigo, porque he hallado mi oveja que estaba perdida’. (Lucas 15: 4-6)

12 ”¿Qué les parece? Si cierto hombre llega a tener cien ovejas y una de ellas se descarría, ¿no dejará las noventa y nueve sobre las montañas y emprenderá una búsqueda por la que anda descarriada? 13 Y si sucede que la halla, de seguro les digo, se regocija más por ella que por las noventa y nueve que no se han descarriado. 14 Así mismo, no es cosa deseable a mi Padre que está en el cielo el que uno de estos pequeños perezca. (Mateo 18: 12-14)

 "20 Si alguno hace la declaración: “Yo amo a Dios”, y sin embargo está odiando a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto."  (1 Juan 4: 20)


"36 Ahora bien, uno de los fariseos seguía invitándolo a comer con él. Por consiguiente, él entró en la casa del fariseo y se reclinó a la mesa. 37 Y ¡mira!, una mujer que era conocida en la ciudad como pecadora se enteró de que él estaba reclinado a la mesa en casa del fariseo, y trajo una cajita de alabastro llena de aceite perfumado 38 y, tomando una posición detrás, junto a sus pies, lloró y comenzó a mojarle los pies con sus lágrimas, y se los enjugaba con los cabellos de su cabeza. También, le besaba los pies tiernamente y se los untaba con el aceite perfumado. 39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo dentro de sí: “Este hombre, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora”. 40 Pero, respondiendo, Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. Él dijo: “Maestro, ¡dilo!”.
41 “Dos hombres eran deudores a cierto prestamista; el uno le debía quinientos denarios, pero el otro cincuenta. 42 Cuando no tuvieron con qué pagar, él sin reserva perdonó a ambos. Por lo tanto, ¿cuál de ellos le amará más?” 43 Contestando, Simón dijo: “Supongo que será aquel a quien sin reserva le perdonó más”. Él le dijo: “Juzgaste correctamente”. 44 Con eso, se volvió a la mujer y dijo a Simón: “¿Contemplas a esta mujer? Entré en tu casa; no me diste agua para los pies. Pero esta mujer me ha mojado los pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; pero esta mujer, desde la hora que entré, no ha dejado de besarme los pies tiernamente. 46 No me untaste la cabeza con aceite; pero esta mujer me ha untado los pies con aceite perfumado. 47 En virtud de esto, te digo, los pecados de ella, por muchos que sean, son perdonados, porque amó mucho; mas al que se le perdona poco, poco ama”. 48 Entonces le dijo a ella: “Tus pecados son perdonados”. 49 Ante esto, los que estaban reclinados a la mesa con él comenzaron a decir dentro de sí: “¿Quién es este hombre que hasta perdona pecados?”. 50 Pero él dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”." (Lucas 7: 47 y contexto)





viernes, 29 de mayo de 2015

Diálogo sin esperanza



Yo: - Hola, ¿cómo estás?

Él: - Bien, gracias, ¿y vos (tú)?

- Bien, gastando minutos por ahí y por acá.

- Hace tiempo que noto una mejoría en tu estado de ánimo.

- Sí, es porque estoy en contacto con Graciela, pese a todo.

- ¿Les dieron libertad para verse?

- No exactamente, pero fue una mejoría. Hace un año, más o menos, ella le preguntó a un anciano si podía llamarme para que le arreglara algo en la casa. Él le contestó que en eso ella era dueña y señora, que estaba en su derecho, que lo que no puede hacer es que nos veamos a solas por motivos personales. [La reparación fue hecha durante la segunda quincena de abril de 2014, antes del 19 de abril]

- ¿Estás agradecido a Jehová por esto?

- A medias. Es una mejora, pero no es lo que tenía. Hace unos días atrás íbamos los dos al hospital Posadas. Al llegar a Rivadavia, dejamos el transporte colectivo en que veníamos para cambiar a otro que sale desde el otro lado de la estación. Ella vio que dos hermanas estaban en nuestro camino y se perturbó muchísimo, como si nos hubieran sorprendido en un acto pecaminoso. Inmediatamente giró y se dispuso a cruzar la avenida a nivel para evitarlas. Yo le dije que no se podía, porque la bajada al túnel del otro lado está clausurada por obras de mantenimiento. No quedó otra que seguir el rumbo original, pero las hermanas dieron la vuelta y quedaron de espaldas a nosotros. No sé si fue casual o lo hicieron después de ver lo perturbada que estaba.

- Es de esperar, la autorizaron para que fueras a hacer reparaciones a la casa y estaban juntos en la calle.

- Nadie que esté en su sano juicio puede esperar que no continuemos la relación que prohibieron. Ella no llamó a un electricista, ni a un plomero. Llamó a un amigo de más de veinte años. Estábamos yendo al hospital para que la revisaran, no a un hotel. Ella no va si no la acompaño; la depresión no la deja salir si no la fuerzo a ir. No solo la acompaño, me levanto a las tres o a las cuatro de la madrugada para ir a pedirle los turnos en el Posadas, y voy caminando, porque el primer transporte colectivo pasa a las 4 y 50 minutos; hace un año que le pido turnos, la acompaño, retiro los análisis y voy a buscarle los remedios gratuitos al Posadas y a Bienestar Social, en Rivadavia y Piedras, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No vi a nadie más de la congregación haciendo la cola en el Posadas. Estábamos yendo al hospital porque un análisis le dio una carga viral de 8.860.000 UI de virus de hepatitis C por cada mililitro de sangre, genotipo 1b, entre otras cosas.

- Pero, ¿es que no estás dispuesto a obedecer a las autoridades que Jehová puso a cargo?

- Si me ordenan hacer algo contrario a lo que Jehová quiere, no.

- ¿Qué te ordenaron hacer que es contrario a la voluntad de Jehová?

- Sabían que yo estaba muy próximo a ella, que la ayudaba en muchos sentidos, que estaba pendiente de lo que le sucedía.  Una viuda, con un hijo esquizofrénico y otro al que le quisieron extirpar un  pulmón y hacer un raspaje en el otro; que es la única que trabaja y mantiene la casa, que hace tres años que debería estar jubilada y le niegan el beneficio.
Me pidieron que no la vea más, pero la dejaron sola. Estuvo cuatro meses sin trabajo y no hicieron nada.
Cuando ella me llamó para que hiciera un arreglo en su casa tenía trabajo. Cobraba mil pesos por semana. El baño estaba en un estado calamitoso, inundado. Puse seiscientos cincuenta pesos de repuestos y mi trabajo. Esto debe haber ocurrido en abril o mayo del año 2014. Al poco tiempo se quedó sin trabajo y no conseguía nada. Solamente cobraba una pensión por invalidez del hijo menor, de mil novecientos pesos de bolsillo.

En junio y julio le di dinero para aliviar la situación, conjuntamente con sus dos hermanas mayores, ya jubiladas. Ya a fines de julio le prometí que le iba a dar la mitad de cuanto ganara. Esto fue así hasta terminar agosto. En septiembre desapareció mi trabajo; no llamaba nadie. En la primera semana le dije: “Graciela, la mitad de nada es nada. No tengo trabajo, no sé qué vamos a hacer.”

En la congregación hay 80 publicadores. A cincuenta pesos por cabeza le hubiesen juntado cuatro mil pesos. Pero nada pasó; tan solo una hermana le prestó trescientos pesos dos veces.

Yo iba a su casa todos los días, o todas las veces que cobraba, a llevarle la mitad; sin embargo, estaba “autorizado” solamente a entrar para hacer arreglos. Quizás fui a arreglarle el sustento diario.

- No debe calificar para que la ayuden.

- Ah, ¿sí? ¿Calificaste alguna vez para que el Hijo de Dios diera la vida por vos (ti)?

- Nnoo, no…

- ¡Menos mal que Jehová y su Hijo no piensan como vos; ninguna carne se salvaría!

- Pero vos no tenés (tú no tienes) fe en Jehová. Tendrías que haber obedecido y dejar todo en manos de Jehová.

- ¿Quién te dijo que no tengo fe en Jehová? Yo aprendí que Jehová no hace lo que nosotros podemos hacer. Cuando alguien pasa necesidad no me siento a esperar que llueva maná del cielo. Me muevo y hago lo que puedo; después de todo estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y Dios es amor (1ª de Juan 4: 8). Pero, ¡cuidado!, que también dice que el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Y cuando no puedo más y no hay nadie más que haga algo, entonces, Jehová hace y protege. No antes.

Graciela consiguió trabajo esa misma semana: setecientos cincuenta pesos por semana. Poco, pero suficiente para que los tres pudieran comer.

¿Y yo? En septiembre tuve ingresos brutos de mil pesos, cuando solamente de farmacia gasto quinientos. Fueron cuatro o cinco días de vacas flacas y Jehová actuó. Cuando ya no había nada para comer, aparecieron dos personas del mundo cargadas de bolsas y me llenaron las alacenas y la heladera. Tanto, que tuve que ponerme a cocinar y congelar, porque era mucho y algunas cosas se echarían a perder antes de que pudiera consumirlas. Agradecido a los tres.

Yo obedecí, pero obedecí a Jehová: “La forma de adoración que es limpia e incontaminada desde el punto de vista de nuestro Dios y Padre es esta: cuidar de los huérfanos y de las viudas en su tribulación, y mantenerse sin mancha del mundo.” (Santiago 1: 27)  “Aprendan a hacer lo bueno; busquen justicia; corrijan al opresor; dicten fallo judicial para el huérfano de padre; defiendan la causa de la viuda.” (Isaías 1: 17)

Así que, como ves, tuve fe y dejé todo en manos de Jehová. Según parece, Jehová no estuvo disconforme con mi actuación.

- Los juzga Jehová por lo que hacen, no vos (tú).

- Yo no los juzgo, solamente digo lo que pasó, pero soy responsable ante Jehová por lo que hago a partir de sus órdenes, las órdenes de los que dicen representarlo.

- Si obedecés (obedeces), estás haciendo lo que Jehová espera y la responsabilidad es de ellos.

- No, no lo creo. La Biblia dice otra cosa. ¿De quién es hijo la descendencia? ¿De la mujer esclava o de la mujer libre?

- De la mujer libre.

- Sí, es correcto. En la carne, fue descendiente de la mujer libre. En espíritu, cuando recibió el bautismo en el Jordán, fue hijo de la mujer celestial, también libre. A partir de ese momento dejó de llamar “madre” a su madre biológica y pasó a decirle “mujer”. Como dice Mateo 22: 32: “’Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob’? Él es el Dios, no de muertos, sino de los vivos».” Además, es Dios de libres: “Pero el que mira con cuidado en la ley perfecta que pertenece a la libertad, y persiste en [ella], este, por cuanto se ha hecho, no un oidor olvidadizo, sino un hacedor de la obra, será feliz al hacer[la].” “Ustedes fueron llamados, por supuesto, para libertad, hermanos, …” (Gálatas 5: 13) “y conocerán la verdad, y la verdad los libertará».” (Juan 8: 32)
El hombre fue creado libre por Dios, es una dádiva divina. La libertad es responsable, y responsabilidad viene de respuesta; debemos responder a quien nos dio la libertad. Nosotros, cada uno individualmente. No puede responder otro por lo que es mi responsabilidad.

- Pero, no entiendo a dónde quieres llegar.

- Fijate (fíjate) lo que dice la Biblia en Gálatas 1: 8-9: “Sin embargo, aunque nosotros o un ángel del cielo les declarara como buenas nuevas algo [que fuera] más allá de lo que nosotros les declaramos como buenas nuevas, sea maldito. 9 Como hemos dicho más arriba, también vuelvo a decirlo ahora: Sea quien sea que les esté declarando como buenas nuevas  algo más allá de lo que aceptaron, sea maldito.” (Gálatas 1: 8-9)

Remarco, destaco, un apóstol, ungido e inspirado, dice: “aunque nosotros o un ángel del cielo”; también: “Sea quien sea”.

Nosotros somos libres, porque Dios hizo al hombre libre y porque la verdad que nos hicieron conocer libera. Conforme a lo que el texto inspirado de Gálatas dice, como seres humanos libres debemos someter a escrutinio, a análisis crítico, lo que se nos enseña. ¿Cómo discernir, si no, si alguien se extravía, apóstol o ángel del cielo?

Aceptar a ciegas el alimento espiritual, especialmente en lo que concierne a asuntos morales, es un comportamiento idolátrico, no teocrático.

No se trata de caer en el otro extremo, en el “no sé de qué se trata, pero me opongo”. Se trata de estudiar con responsabilidad y discernimiento de hombres maduros y libres, responsables de las cosas que hacen y adoptan. Como los de Berea, que fueron a ver si realmente era así.

- Pero, ¡estás proponiendo el caos! ¡Es una conducta apóstata!

- De ninguna manera. No propongo oponerse a todo ni tener una conducta libertina y conforme a lo que me gusta o me parece. Pero cuando algo que uno lee no condice con lo que uno sabe que la Biblia dice, o cuando alguien te quiere obligar a hacer algo como teocrático, cuando para uno no lo es, entonces, a mí me enseñaron que cualquiera podía abordar a cualquier otro con la Biblia y censurar, alertar, corregir; que el otro debía ser humilde y aceptar que, si estaba en la Biblia, no venía de quien nos estaba materialmente hablando, sino de Jehová, el Autor de la Biblia.

Me dijeron que no podía ser amigo de Graciela por Jeremías 17: 9. Yo dije que el texto no aplicaba en nuestro caso. ¿Vos creés  (tú crees) que me preguntaron cuál era mi base bíblica para esa afirmación? (Ver: Una balanza de dos platos) Y si me lo hubieran preguntado, ¿me hubieran oído o escuchado? Porque escuchar es prestar atención y analizar lo que te dicen; oír, podés (puedes) recibirlo como un ruido, un relleno, una música de fondo. Y si resultaba verdadero y con base bíblica lo que decía, ¿no deberían haber aceptado esa verdad? ¿No es que “estamos en la Verdad”?

- Pero podrían no tener autoridad para resolver eso. Nos movemos en unidad de criterio; debemos hablar todos de acuerdo.

- Sí, debemos hablar todos de acuerdo, sin sectas destructivas, es así. Pero, si no tienen autoridad suficiente, pueden y deben elevar todo a una instancia superior. Cuando alguien te muestra algo con la Biblia, no podés (no puedes) dar vuelta la cara ni esconder la cabeza en la tierra, como un avestruz.

Escribí al respecto, ¡y hay 34 citas bíblicas!

- Pero, ¡hay que ver si son pertinentes!


- Sí, pero para eso hay que leer, entender, comparar, pensar. Para eso hay que vivir de acuerdo a lo que enseñan.

jueves, 11 de diciembre de 2014

domingo, 19 de octubre de 2014

Me gustas cuando callas. Pablo Neruda

Me gusta cuando callas

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

lunes, 21 de julio de 2014

17 - El fiel de la balanza



[…]

Yo: - Una misma acción puede tener distintas naturalezas. Hay que ver más allá de lo evidente para comprender de qué se trata y cuándo hay que preocuparse.

Ella: - ¿Cómo es eso?

- Veamos un ejemplo que toca un tema recurrente para nosotros: la diferencia entre querer y amar y cómo a veces en el amar hay algunos “quereres” inevitables, pero no nocivos.

- Te escucho.

- Ya te he dicho antes que, para mí, querer es para uno y amar es para el otro. Un hombre con un deseo puramente sexual codicia a una mujer e intenta acercarla a sí para concretar su deseo, que expresa con vehemencia. La quiere egoístamente, para él. Un hombre que no tiene un interés erótico puede desear entregarse a una mujer para hacerle todo el bien que esté a su alcance sin reclamarle nada, por el gozo y la necesidad de servirle; pero también necesita que esa mujer esté próxima para poder ayudarla. Ambos pudieran ejecutar el mismo acto de abordar a esa mujer, pero hay un abismo entre ambas acciones, similares superficialmente. La diferencia está en lo que no se ve, lo esencial es invisible a los ojos.

- Nosotras percibimos muchas veces esas diferencias y no ofrecemos resistencia cuando discernimos las intenciones del corazón del que tenemos en frente. Hay expresiones de cariño o de deseo que sabemos que son inocentes y otras que, claramente, no lo son.

- En efecto, el hombre del primer caso quiere, desea. Tiene una necesidad primitiva y busca satisfacerla. Toma al objeto de su deseo y no le importa nada más que saciar su hambre. Ella es para él, la usa, si puede hacer que consienta. El segundo no la desea para sí, sino que quiere brindarse a ella, darle, no recibir. Si él sabe que ella tiene un problema y su único deseo es ayudarla, necesita ser el prójimo, tiene que estar cerca de ella para enterarse de lo que le está pasando y poder así intentar serle útil. A su vez, ella debe confiar en él y volcarle su corazón para que el deseo altruista encuentre un camino de concreción. Hay un “querer” no perjudicial en eso; quiero acercarme, y que te acerques a mí, para que me uses, para serte útil, para ti, no para mí.

- Pero, ¿hay que enterarse de que alguien tiene un problema para intentar un acercamiento? ¿Los que no tienen problemas no pueden ser amigos? ¿No pueden ser prójimos?

- Pichoncita, vos [tú], por ejemplo, no tenés [tienes] los problemas de Graciela, ¡gracias a Dios! Pero te acercaste a mí. ¿Por qué?

- Yo te conté que necesitaba la contención de un hombre, que no me bastaba con mis amigas, necesitaba un refugio humano, una plaza fuerte, más fuerte que los brazos de mis amigas

- Bueno, no era un problema enorme, pero sí una necesidad; una necesidad insatisfecha, que te dejaba un vacío. Además, ¿quién no tiene problemas? Pero no hace falta saber que alguien necesita ayuda. Uno se acerca por algo, por una afinidad casi nunca explicable. Para ver qué pasa. Esa persona te atrae por algo y te acercas, eso es todo. Te conté de mi amiga. Dudaste, no me creíste completamente. Te pareció un cuento de hadas. Pero te mojaste los pies, apostaste, te pusiste a riesgo.

- Y gané, Carlos. ¡Estoy tan contenta y agradecida con esto!

- ¡Me vas a engrupir[1]!

- ¡No se envanezca, hermanito!

- (Abrazándola ligeramente por la cintura) No me envanezco, pero esta “apretadita” es un digno broche de oro para tantas flores de tu parte.

- Es la manera que encuentro de decirte gracias.

- No me agradezcas, las gracias a Dios, que es la fuente de todo lo bueno. ¡Quién te viera y quién te ve! Diste un millón de vueltas, hiciste un montón de preguntas, algunas repetidas hasta el cansancio. “Astuta como serpiente...” ¡Una convención de serpientes! ¡Caramba, que era difícil la palomita!

- (Con una sonrisa amplia y risa contenida) Y sí… costó llegar a tener el agua hasta el cuello. Los pies con miedito, pero eran los pies. Llegar a estar rodeada de agua fue otra historia. Ahora me atrevo a bucear, es un mar calmo y acogedor. Lo disfruto, me siento bien, libre, confiada.

- Yo también disfruto tu compañía, de “ver” tu libertad y sentir la mía. Amar sin miedos es la única manera de amar. Cualquier otra cosa es una farsa.

- Primera de Juan 4: 18.

- Sí, señorita.

- ¿Viste cómo aprendí? Vos me enseñaste.

- Ya lo sabías.

- Conocía en texto, pero no medía su trascendencia. Vos me enseñaste.

- Yo no te enseñé; los dos aprendimos. Las personas son todas distintas. Cada cual es único e irrepetible. Cada uno requiere un aprendizaje. Los dos aprendimos a crear lazos entre nosotros, a confiar, a esperar, a dar a la medida del otro, a dar por el camino y con el estilo que el otro requiere, con su protocolo. Para que te metieras hasta el cuello en el agua tuve que aprender a calentarla hasta tu medida justa y quedarme quietito, sin hacer olas, hasta que te sintieras a gusto. Después tuve que memorizar el tipo de baño que te agrada, para repetirlo sin darme cuenta y para que entraras al agua sin recaudos, inconscientemente, desapercibidamente, como algo cotidiano, como respirar. Tuve que aprender, tuve que aprenderte.

- ¡Qué misterio el amor, Carlos!

- Sí tiene una parte de misterio, insondable, como Dios. Después de todo, la  Biblia dice que Dios es Amor, es su cualidad más importante. Jehová también tiene una parte de misterio, por su misma Altura y Divinidad. Podemos conocerlo, aprender sus caminos, explicar sus leyes, pero hay una naturaleza superior a la que no podemos ascender, que nunca vamos a comprender del todo. ¿Para qué saber qué es el amor, no es mejor vivirlo?

- Sí, claro. Amor es esto que me pasa. ¿Y por qué? No lo sé, pero me pasa y es hermoso.

- Y no tienes empacho en decirlo.

- No. Siempre hablamos de amor por la hermandad mundial y cosas por el estilo. Siempre tuve en mi corazón la intención de dar hasta la vida por esa hermandad. Pero nunca me imaginé diciéndole a un hombre, que no fuera mi marido, “te amo”. Aunque me siento realmente libre contigo, a veces me asusto un poquito y trato de pensar qué clase de amor tengo por ti.

- ¿Para qué quieres ponerle etiquetas? ¿Necesitas darle un “nombre” a tu amor para estar tranquila?

- Los griegos distinguían cinco tipos diferentes de amor: el amor hospitalario, que se daba a los peregrinos y a los nómades; el amor por los hijos; el amor sexual o erótico;  el amor filial, por los amigos, y el amor por principios, el agape, el más sublime de todos. Y sí, es cierto, cada tanto trato de “etiquetar” el amor que te tengo.

- Entonces, todavía no eres completamente libre. El amor es uno solo. La distinción que hicieron los griegos es en cuanto al entendimiento que hace quien escucha una expresión nuestra acerca de un amor particular. Por ejemplo: yo tengo dos hijos varones. Mi esposa y yo perdimos un tercer hijo que no sabemos qué sexo tenía. Fue muy temprano y salió en pedacitos. De haber nacido, hoy tendría unos treinta y cinco años y, si hubiera sido mujer, se llamaría, casi seguramente, Vanina. En español, podría decirle a alguien que no supiera mucho de mí: “Amo a Vanina”. Ese alguien pudiera preguntarme: “¿Quién es Vanina?” o “¿De qué manera amas a Vanina?”. Y yo le respondería: “Vanina es mi hija”. Entonces, quien me está escuchando sabrá inmediatamente qué clase de sentimiento y relación tengo con ella, suponiendo que soy un hombre sano; porque si sintiera alguna atracción erótica hacia mi hija no sería un hombre mentalmente sano. Si hablara de ti y dijera: “Amo a Julieta”, ante la misma pregunta podría responder: “Julieta es una hermana por elección, como si nos hubiera parido una misma mujer” o: “Somos amigos entrañables”.  En el caso de los griegos, éstos usaban palabras diferentes para cada caso en particular; de manera que se ahorraban muchas preguntas. Pero el amor es uno solo. Y como busca siempre el bien ajeno, aunque es uno, la manera en que se expresa y lo que es bueno hacer o dejar de hacer depende de quién sea el objeto de nuestro amor y de las circunstancias particulares del caso. Pero, como sería en el caso de una hija, hay cosas que salen naturalmente, sin esfuerzo, no es que uno se tenga que estar mentalizando.


- No es que esté en desacuerdo con lo que dijiste, pero, ¿podrías darme alguna razón para asegurar que el amor es uno?

- Sí. Dios es la personificación del amor y es “un solo Jehová”; es único, una sola persona. Es un Dios de amor, justicia, orden y rectitud. Él es siempre el mismo y trata a todos de la misma manera. En Él no existe la variación del giro de la sombra, como dicen las Escrituras.

- ¡Vaya! No lo había pensado. Pero Él no puede desarrollar un amor erótico…

- No, desde ya que no. Pero tiene hijos; desgraciada e inmerecidamente, tiene enemigos; tiene amigos a los que ama con profundos sentimientos y a otros los ama por principios, no sentimentalmente. Tampoco hay peregrinos para Dios. De todas formas, hace salir su Sol sobre justos y pecadores, les permite vivir y hace que haya alimento para todos. ¿No enseñó Jesús que amáramos a los que nos persiguen para que fuéramos perfectos como el Padre? Además, fue Él el que, cuando nos creó, nos hizo a su imagen y semejanza y puso en nosotros la capacidad de amar y la necesidad de recibir amor. Nuestro amor es reflejo del Amor de Dios.

- No solamente en nosotros. Estuve viendo los vídeos que subiste a tu blog. La gatita que abraza a su hijito. ¡Qué ternura! ¿Y el león? Yo esperaba ver algo así en el nuevo mundo y, sin embargo, ya pasa en éste. Le pusiste muy bien que es la firma de Dios. No cabe duda de que Dios ha embebido de amor a sus creaciones; el que no vea eso es ciego.

- Sí, ellos aman, aunque no saben que aman. Y es notable cómo responden al amor, como fue el caso con ese león.

- ¿Qué pasó con ese león?

- Según he leído, el león era un cachorro que estaba mal alimentado, sucio y mal tratado en un circo. La mujer que viste en el vídeo lo descubrió y, de alguna forma que desconozco, lo rescató de su calvario. Al principio lo llevó a su casa, lo curó, alimentó y mimó. Pero el minino creció y ya no pudo tenerlo en su hogar. Va a visitarlo al zoológico y ya viste cómo la recibe. Emociona.

- A veces comparo a los animales con la humanidad y nosotros salimos perdiendo.

- La rebelión ha hecho mucho mal. Hasta los animales están padeciendo nuestros pecados. No solamente por la destrucción ecológica del mundo, sino también porque la degradación humana ha obligado a que se nos permita comer a algunos de esos animales y todo tuvo que ser trastocado para encontrar un nuevo equilibrio. El temor que sienten los animales por el hombre fue puesto por Dios como una defensa y una protección a la dignidad de la vida que esos animales tienen. Ellos fueron creados para que confiaran en nosotros y originalmente había paz entre las diferentes especies animales superiores y entre esas especies y el hombre. Pero el pecado hizo que la creación fuera sujeta a futilidad. (Romanos 8: 20)

- La imperfección hace que pequemos y nos esclaviza al pecado.

- ¿Sabes que eso que has dicho no es del todo cierto?

- ¿Cómo es que no es del todo cierto?

- Nacer imperfectos facilita el que sigamos pecando; pero la imperfección no es la que causa el pecado, la causa es otra.

- Me interesa y mucho, ¿puedes explicarlo?

- ¿Cómo era Adán antes de pecar?

- Un hombre perfecto.

- Bien. ¿Cuándo comenzó a ser imperfecto?

- Una vez que hubo pecado, cuando concretó su pecado.

- Correcto. Entonces, antes de concretar la acción pecaminosa que lo sumergió en la imperfección y en la degradación, era perfecto. La imperfección no pudo ser la causa de su pecado; fue una consecuencia de su mal proceder.

- Cierto. Entonces, ¿qué originó su pecado fatal para él y para nosotros?

- La falta de amor.

- La falta de amor… No amó a Dios como era necesario que lo hiciera y esa falta de amor hizo que no lo tomara en cuenta, que actuara por las suyas. Estoy sorprendida. Déjame ir a buscar mi Rbi8-S, quiero que veamos algo.
Acá está, Romanos 13: 8-10:
“No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley, 9 Porque el [código]:«No debes cometer adulterio, No debes codiciar», y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: «Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo». 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.”

Y este otro texto:
“35 los fariseos, después de oír que había hecho callar a los saduceos, se juntaron en un grupo. 35 Y uno de ellos, versado en la Ley, preguntó, para probarlo: 36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?». 37 Él le dijo: «”Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente”. 38 este es el más grande y el primer mandamiento. 39 El segundo, semejante a él, es este: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 40 De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los Profetas».”  (Mateo 22: 34-40)

Carlos, esto es oro puro, un tesoro.

- Sí. No es la imperfección la que origina el pecado, sino la falta de amor. Satanás también era un querubín ungido creado por Dios, perfecto, completo. Pecó por falta de amor, no por imperfección. Lo mismo para la tercera parte de las estrellas del cielo que lo siguieron después en su rebelión.

- Entonces,  no es necesario que esperemos a alcanzar la perfección para no pecar contra el prójimo; bastaría con que lo amáramos.

- Cierto. Aunque la imperfección nos juega en contra y hace eso más difícil. Sin embargo, no es acumulando reglas y restricciones como vamos a lograr evitar el pecado; tampoco aislándonos o escondiendo la cabeza bajo tierra como el avestruz. No desarrollar el amor, poner límites y distancias, como un mecanismo de defensa ante nuestra imperfección y con el fin de evitar conductas indebidas, solo hace que se retrase el mal. (El que se aísla busca su propio deseo egoísta; o termina buscándolo) Únicamente amando con todo el corazón al otro es como podemos disminuir o eliminar los dos pilares sobre los que se afirma el pecado: egoísmo y orgullo, los motores de las conductas inicuas.

- ¿Puedes decirme más de esto?

- Sí, creo que sí.

- Aquí tienes mi Biblia, para lo que haga falta.

- Gracias. En principio, voy a tratar de explicarte ciertos mecanismos acerca de cómo pueden funcionar la Ley y el Nuevo Pacto. Vamos primero a los mecanismos y luego vemos cómo aplican en cada caso. Lo que intento decirte no está escrito explícitamente en la Biblia, pero creo que será de fácil aceptación.

Conoces la palabra inicuo. Está formada por dos raíces latinas: la primera, es una partícula negativa; la segunda, tiene por raíz a la palabra latina equus, que significa igual. Literalmente, significa “no igual”, “desparejo”. Suele aplicarse a los terrenos escabrosos, difíciles de transitar; lo contrario al llano. También al trato no igualitario, injusto.

Hay otro principio, no conocido popularmente, que recibe el nombre de “principio de Curie”. El principio dice que para que se produzca cualquier fenómeno debe existir una asimetría previa. En un medio completamente homogéneo e isótropo no puede ocurrir nada. Es la asimetría la que hace posible el fenómeno. Usé una palabrita “rara”: isótropo. Significa que “que se comporta la misma manera” en todas sus partes, hacia todas partes, en todas las direcciones.
Te doy un ejemplo de asimetría: agua hirviendo y agua fría. Si las pongo en contacto, la más caliente se enfriará, calentando a la más fría. El fenómeno ocurre hasta que las dos masas de agua llegan a la misma temperatura y se detiene allí, porque la simetría no permite que una se caliente enfriando a la otra, si ambas tienen la misma temperatura.

¿Comprendes hasta aquí?

- Sí, comprendo, aunque no entiendo todavía a dónde quieres llegar.

- Tenme un poco de paciencia, intento llegar a algo profundo. Bueno, sigo:

Ahora, piensa en una balanza de dos platos. Si los dos platos están vacíos, la balanza está en equilibrio y el fiel marca el cero. Ambos platos están en un mismo nivel, a la misma altura respecto de la base de la balanza. Supón que ahora tengo dos frascos de vidrio iguales y llenos con la misma cantidad de agua. Ambos tienen a la misma altura un tubito de salida y una válvula que abre o cierra el paso de agua. La salida de cada frasco está acoplada a uno de los extremos de una manguera de látex y las válvulas cerradas. Aunque las válvulas están cerradas, previamente se llenó la manguera de agua. Ponemos un frasco en cada plato y repartimos la manguera uniformemente entre los dos platos. Luego abrimos las llaves de paso y dejamos a esos frascos comunicados por la manguera. El frasco de la izquierda se llama “yo” y el otro “tú”. ¿Puedes decirme qué pasa?

- Si hicimos todo cuidadosamente, no pasará nada. Los dos frascos pesan lo mismo y tienen la misma cantidad de agua. La balanza quedará en equilibrio y no habrá flujo de agua de un frasco al otro, porque los niveles son iguales.

- Bien, bien, ¡muy bien! Ahora agrego una pesa de un kilogramo al plato en el que está el frasco “yo”. ¿Qué pasa?

- El plato en el que está el frasco tuyo baja y el otro, en el que estoy yo, sube. Como las válvulas están abiertas, pasa agua de mi frasco al tuyo. El tuyo se llena más, hasta podría vaciar el mío.

- ¡Excelente!

- Gracias, pero sigo sin entender qué me quieres decir.

- El agua que está en cada frasco es algo que tenemos dentro de nosotros, lo que sea. El peso simboliza la importancia que nos damos a nosotros mismos y al otro; o bien, el amor que tenemos por nosotros mismos y por el otro. Dios nos hizo iguales, los frascos son iguales, y nos llenó en forma equitativa. Inicialmente, la balanza estaba equilibrada.
¿Podrías seguir traduciendo el significado simbólico de la metáfora?

- Sí, claro… Sí, sí, sí que puedo. Cuando pusiste la pesa en tu plato, significó que habías puesto más amor por ti mismo que por mí; entonces, desequilibraste la balanza, tu plato bajó y el mío subió. Me sacaste el jugo, lo que había en mí fue hacia ti y no porque yo te lo diera; forzaste la situación para que yo me vaciara en ti y me dejaras seca o pobre de contenido. Me robaste lo que había en mí, me usaste. Tuviste un amor inicuo, injusto, desparejo, no igualitario, desequilibrado, hacia ti, egoísta. No te importé y me hiciste daño, me vaciaste, pudiste pecar contra mí.

- Perspicaz mi amiga. ¿Y cuando no había pesa?

- Nada pasaba. No me hacías daño.

- Es un placer estudiar cosas espirituales contigo. La Ley tiene un primer mandamiento ineludible, excluyente, que es amar a Dios. Después hay un mandamiento con promesa: “Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien”. Los demás mandamientos son precedidos o encabezados  por la palabra “no”: “No matarás, no codiciarás no darás falso testimonio, no fornicarás”. La Ley es pasiva; refleja el “no hagas a otros lo que NO te gusta que te hagan a ti”. Es como dijiste: No pasa nada, no le haces daño al otro. ¿Y todo cómo, de qué manera? Amando a Dios con toda tu alma y al prójimo como a ti mismo. Es un plan de mínima: si amas al otro como a ti mismo, no le harás ningún daño.
¿Quieres decirme, ahora, qué es o qué significa si pongo la pesa en tu plato?

- Quiere decir que me amas más que a ti mismo. Entonces, la balanza baja de mi lado y de ti sale lo que tienes para mí. Y no es porque yo te lo saque. Así como no podía evitar que me extrajeras el jugo, ahora tampoco puedo parar el flujo de líquido desde ti hacia mí, de buenas acciones. Los dos fueron actos voluntarios tuyos; uno para perjudicarme y el otro para hacerme el bien. Si me amas más que a ti mismo no puedes pecar contra mí y, no solo eso, quieres hacer algo por mí.
¡Es el nuevo mandamiento de Jesús! (Juan 13: 34-35; Juan 15: 12-13) Es la Ley positiva de hacer al otro lo que nos gusta que nos hagan. (Mateo 7: 12)
¡Ay, Carlos! ¡Ay, Carlos! ¡Cuánto gozo! ¡El corazón me explota y quiere salir de mi cuerpo! ¡Gracias! ¡Gracias!

- Las gracias a Jehová, de él viene todo lo bueno.

- ¡Y a vos también! ¡Me hiciste ver algo muy profundo!

- Lo vimos juntos, fue un trabajo que hicimos juntos. Me dijiste muchas cosas vos solita.

- No me hubiera dado cuenta de no ser por tu metáfora.

- Y yo, ¿cómo me di cuenta? Estas cosas vienen de Dios, no son obra nuestra. Apenas fui el mensajero. No entiendo por qué yo, de verdad, no lo entiendo.

- Sí, gracias a Jehová, desde ya. Siempre le agradezco lo bueno que recibo. Pero un poquito a vos también. Aún por ser el mensajero.

- A los abrazos estoy acostumbrado. Pero me llenaste la cara de besos.

- Fue una explosión, no pude contener semejante gozo.

- Espero no haber quedado embarazado…

- No seas malo, viejito. No lo hice con un propósito así

- Está bien, pendejita, no te reto más.

- ¿Se terminó? ¡Quiero más, por favor! ¡Dale, por fi!   [¡Vamos, por favor!]

- A ver qué invento… ¿Viste cómo se refregaba el león contra la señora?

- Sí, como un gatito. Emociona ver tanta ternura en lo que se supone que es una fiera e impresiona por el tamaño.

- En cuanto a los gatos domésticos, dicen que el frotarse contra el otro es una manera de marcarlo con su olor; una manera de hacerlo suyo. Pero también recibe sobre sí el olor del otro, de forma que ambos comparten olores y se sienten próximos. Me recuerda a la costumbre del “hermano de sangre” de cierta tribu de nativos norteamericanos.

- Sí, llegué a ver alguna película vieja con una escena al respecto: un indio cortaba ligeramente su pulgar y el del otro, o sus muñecas, las juntaban y uno decía: “Ahora ser hermanos de sangre”. Sellaban, así, un vínculo muy estrecho.

- Nosotros no solamente sentimos el amor, sino que podemos ser conscientes y hablar del tema, escribir una poesía o una prosa, dar una conferencia, recordar sin un estímulo externo. También mezclamos algo más que olores; compartimos intangibles, cosas invisibles, inodoras. Dar nuestro tiempo y atención a otro es dejar en él una parte de nuestra vida. El tiempo que le dedicamos no vuelve más; lo invertimos en él y excluye cualquier otra experiencia. Mientras me dedico a ti no puedo hacerlo con otra persona, ni tampoco conmigo mismo. En espíritu, dejamos sobre el otro nuestro amor y la vida que lo hace posible. No hace falta morir en sacrificio para dar la vida por otro.
Las mujeres vienen equipadas de fábrica con el amor abnegado. Piensa en tu madre. En las noches que no durmió para velar tu sueño cuando estabas enferma o con algún problema grave. En las cosas que resignó para ser madre. En que te puso en primer lugar, antes que ella.
Compartimos experiencias, diálogos, lágrimas, risas, travesuras, disparates, gestos. Dejamos sobre la piel del otro nuestro ser y dentro de su corazón también. De la misma forma el otro  nos deja algo de sí, de manera que somos un poco más el otro y un poco menos nosotros mismos.
Atahualpa Yupanqui decía que un amigo es uno mismo en otra piel. Hermosa imagen.
Como amigos vamos edificando un nosotros sin dejar de ser, del todo, uno y otro.

¡Uy, che! ¡Es la una y treinta de la madrugada! ¡Cómo pasó el tiempo! Discúlpame, no me di cuenta.

- Lo disfruté tanto, Carlos, no me pidas disculpas.

- Estoy en tu casa. Mañana trabajas. Eres precursora, debes predicar algo más de dos horas como mínimo y yo restándole tiempo a tu descanso. Además, voy a salir a una hora imprudente de tu casa.

- No me importa. De veras, no me importa. La pasé muy bien y asumo la falta de descanso con alegría. Benditas estas horas en las que hablamos como nunca.

- Chau, pichona, Dios te bendiga.

- No, Charly, toma un último café conmigo.

- Debo irme, no debo quedarme más, no debí quedarme tanto.

- Lo sé. Dame unos minutitos más, por favor. No me dejes ya.






[1] Vas a hacer que me la crea, que me valore más de lo que corresponde. “Grupo” es una mentira, un engaño; propio o ajeno.