No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
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lunes, 24 de octubre de 2016

Unos ojos claros


Hace unos días que tuve un momento de comunicación profunda con una mujer apenas conocida. Ella es psicóloga, es casada, tiene hijos, treinta y ocho años de vida (uno más que mi hijo menor) y ojos claros, que vi por primera vez como todos deberíamos hacerlo siempre unos con otros.

Yo estaba trabajando en su casa y la comunicación empezó de su parte, cuando me dijo que su suegra le había dicho que si algo tenía yo, era que transmitía paz. Me sorprendió que su suegra dijera algo tan lindo de mí, porque ella conoce algunos aspectos negativos de mi vida y nunca hubiera esperado una opinión tan favorable de parte de esa mujer. Le expresé mi sorpresa por que su suegra hubiera dicho eso de mí y fue ese retorno el que dio paso a una conversación fuera de lo común.

Seguidamente le dije que varias personas me habían dicho lo mismo, pero que, si bien yo era pacífico, en mi interior era un volcán y que trataba por todos los medios de que nunca hiciera erupción. Ella dio una respuesta muy acorde a sus estudios y pasamos a otro tema: el amor, la soledad, la falta de comunicación. Yo le hablé de El Principito, libro en el que la soledad y el aislamiento de los seres humanos están simbolizados por los seres que viven solos, cada uno en un asteroide diferente. Ella dijo que no sabía si existía el amor. Eso me conmovió mucho, me dio ganas de hablar largo y tendido con ella del tema. Pero eso no sucedió hasta hoy.

Pero sí quedé pensando en esa paz que ven o sienten los demás en mí y que yo no estoy tan seguro de tener.

Hay paces y paces. Está, por ejemplo, la paz de los sepulcros. El asesino, el asceta, el filántropo, el atormentado y cualquier otro personaje que se nos ocurra, todos descansan en paz en sus tumbas. No es esa mi paz, yo estoy vivo.

En mi vida he sufrido mucho, de una manera muy particular, muy mía. Yo tuve techo y abrigo, alimentos y juguetes, educación, un buen hermano, amigos y amigas, esposa e hijos que no me trajeron problemas y me dieron satisfacciones. Pero he sufrido mucho. Ese sufrimiento crea tensiones que se acumulan –que afectan la salud- y que pueden aflorar alguna vez como erupciona un volcán, cuando esas tensiones vencen las fuerzas que las resisten y contienen.

Pero, pensando, me di cuenta que el sufrimiento intenso o prolongado puede producir un tipo especial de paz. Todos los seres humanos padecemos de dos defectos fatales: orgullo y egoísmo. Todos los pecados se originan en estas dos fuentes. Hay pecados que nos dañan solamente a nosotros mismos, pero otros afectan a los demás. Cuando un sufrir se origina en una acción extraña, ajena, podríamos decir que es un sufrimiento exógeno. Si es producto de un error propio, un sufrimiento endógeno, al padecer las consecuencias de nuestras faltas. Todo se paga, por acción o por omisión, nuestras acciones nos acarrean premios o castigos, que casi nunca son divinos, sino que se desprenden “naturalmente” de lo que hacemos o dejamos de hacer. Si doy un paso adelante al borde de un precipicio, no es Dios que me castiga.

Cuando uno sufre, lo primero que hace es padecer; reflexionar no es inmediato, viene después. Esas emociones crean rencores, culpas, desprecios. Hacia uno mismo o hacia otros, según sea el origen de lo que nos afecta. Si uno se queda con las emociones y no las procesa, permanece en la falta de paz, en un estado de guerra y de no perdón. Pero, cuando uno reflexiona y trata de comprender lo que pasó, lo que hizo posible el error o la falta, la cosa cambia. La comprensión conlleva un principio de perdón, cuando uno entiende las razones por las que hizo algo, o por las que otra persona nos afectó, las emociones nefastas se aplacan, hay, por lo menos, una mitad de perdón ganada. Esa distensión, esa tregua que da la comprensión nos da la oportunidad de corregir nuestras faltas y de acercarnos a dialogar con el ofensor, según sea el caso.

La persona que ha sufrido mucho y que no quedó encerrada en las emociones dañinas; el que sufre y medita cuando llega el momento, es un ser que está dispuesto a perdonar y a acortar distancias. Una  palabra apacible puede transmutar a un enemigo en un amigo entrañable o, al menos, en un vecino amigable. El que sufre mucho y comprende suele ser mejor persona que el que tiene una vida más llevadera y no se detiene a adquirir sabiduría. Porque cuando la guitarra suena jota, bailamos; cuando plañe, lloramos y pensamos en lo que pasó y por qué. El que sufrió y no se guardó el odio tiene más facilidad para usar empatía  y hasta para ser altruista, esto da una forma de paz.

Es una paz que descansa en un sustrato de dolor y que puede guardar tensiones y rencores no totalmente resueltos. No es una paz de resignación. Es una paz basada en el conocimiento de nuestras propias miserias y de las ajenas y en la seguridad de que el amor puede hasta hacer desaparecer el orgullo y el egoísmo que nos arruinan a todos. En definitiva, es una paz basada en dos cosas: amor y verdad.

Si no conocemos la verdad, no podemos ser libres, ni perdonar, ni corregir, ni vivir en paz. Es más. Si no conocemos la verdad, no podemos amar.



lunes, 26 de septiembre de 2016

Hermoso y triste


Ella: - Hace un tiempo que vengo relacionándome con tu amiga, la que a veces llamás (llamas) “Princesita”. Es buena persona. Hemos charlado de mujer a mujer muchas veces. Hace unos días estuvimos juntos los tres en su casa, ella se fue a cambiar, se dio una conversación en la que se hizo necesario que ella se acercara a mostrarme algo y vino en ropa interior estando vos presente. ¿Tuviste algo con ella?

Yo: - Tengo algo con ella. También tengo algo con vos (contigo). Pero sí, te entiendo la pregunta, tuve algo con ella.

- Me estás asustando, ¿cometiste inmoralidad sexual con ella?

- En la vida hay blancos y negros, pero muchos más grises. Más allá de lo que puedan decir aquellos que tengan la responsabilidad de juzgarme, afortunadamente para mí, mi Juez definitivo es Dios.

- ¿Podrías explicarme más? Perdoname (perdóname), por la intimidad de nuestro trato me creo con cierto derecho a preguntarte.

- No hay problema, a mí podés (puedes) preguntarme lo que quieras. Hace un tiempo comencé a tratar con ella. Rápidamente la relación cobró una intimidad muy profunda, confesando cosas que no son fáciles de contar a cualquiera. Ella comenzó a decirme cosas muy hermosas, me deslumbraron su dulzura y la ternura que manifestaba hacia mí. En poco tiempo estuvimos besándonos y abrazándonos con hondos sentimientos y con ilusión.
Pero ella no conoce a Jehová y, naturalmente, quiso avanzar más allá de los besos y caricias. Yo tampoco soy de espíritu y mi carne y la suya nos llevaron a estar desnudos en la cama. Allí mi corazón estaba con ella, pero el cuerpo no me acompañó. El amor por Jehová y su Hijo no me dejó concretar nuestros anhelos. Ella quedó frustrada y sin comprender. Traté de explicarle y ella comprendió a medias de qué se trataba. Lo describe como mis tabúes religiosos. Asume que tuve un conflicto entre dos amores. Pero lo que me pasó a mí no es una superstición; ella no lo entiende. Una vez llegó a decirme: “quedate (quédate) con tu Dios”. Me dejó unos cinco días y volvió una noche a casa. Entró, se puso a llorar y me dijo que no podía estar sin mí. Lo intentamos, pero ella comenzó a dejar de besarme como al principio.
Seguimos viéndonos. Conversamos, vemos alguna película juntos, vamos de compras, hago arreglos en su casa. A veces me invita a que duerma con ella y hasta que le haga masajes. Ya no quiere besarme en la boca. Le propuse matrimonio y me dijo que no.

- Tenés (tienes) razón, Carlos. Estás en una bruma gris. No te juzgo. ¿Qué sacas de todo esto?

- Hay cosas que uno sabe, pero que no comprende cabalmente hasta que tiene alguna experiencia que corre definitivamente el velo. Yo sabía, por ejemplo, que las prostitutas no besan para no enamorarse. Por Dios, yo no comparo a mi amiga con una prostituta. Es la mujer de mi vida. Hay dos clases de desnudeces: la desnudez de la piel y la desnudez del corazón. Una mujer te puede dar la desnudez de su piel, pero la entrega no es total si no desnuda su corazón, si no te entrega su ser. La llave para la desnudez del corazón y la entrega del ser está en el beso. Es más importante el beso que una relación erótica. Hay confesiones que se dan a un amigo, pero no se entrega el ser más que a una sola persona; esa persona tiene más que los secretos de los sentimientos de alguien, tiene a ese alguien consigo, si es posible, para siempre. En una relación entre dos sexos nadie te entrega su ser, su rincón más íntimo, si no te besa con ternura. Al principio hicimos eso. Ella llegó a decirme que mis besos eran perfectos, que la besaba tal cual como ella deseaba que la besara un hombre. Tuve la llave de su corazón y cerré la puerta.
Yo quería los dos amores: el amor por Dios y el que sentía por ella. No son amores excluyentes, se puede amar a fondo a ambos seres. Pero ella sintió que amaba más a Dios que a ella misma y algo se rompió en su interior. La perdí, perdí a la mujer de mi vida. 

Saqué algo más: aprendí lo que significa la palabra “soledad”, en el sentido más absoluto del término. Quedé completamente solo. Le pedí a Dios que no la perdiera, pero Él no podía ayudarme a que pecara. Ella dejó de amarme y tampoco podía pedirle ayuda. Ahora comprendo, con dolor, lo que significa soledad.

Adquiero sabiduría. Pero, por favor, preferiría ser menos sabio y más feliz. De una vez por todas, ¡por piedad! La amo y la perdí.

- ¡Ay, Carlos! No llores, me hacés  (haces) sufrir. (Abrazándome) En esa zona gris en la que se mueven ambos me conmueve que ella todavía te pida a veces que duerman juntos, que te dé partes de su cuerpo para que la reconfortes. Me grada ese grado de confianza, como mujer me enternece. Aún enamorado de ella, ¿te conformas con estar cerca y tocarla con algún fin acotado, limitado, como darle masajes? Es hermoso.


- Es mejor que nada, que la ausencia total. A veces se me escapa una mano hacia algún lugar ahora no permitido y ella me reta amablemente. Sí, es hermoso. Hermoso y triste…

martes, 9 de agosto de 2016

Si acaso doblares la vara de la justicia... (Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote)


"Las reglas están para ser obedecidas". Es cierto, las reglas deben ser obedecidas. Jehová quiere obediencia, pero no obediencia ciega. Si aplicáramos las reglas siempre, estrictamente, nos pareceríamos más a máquinas que a personas.

La rebelión que inició Satanás, seguida por los dos seres humanos y, más tarde, por otros ángeles, ocurrió en el día de descanso de Dios, que todavía dura.

De haber aplicado Dios su ley del descanso a rajatabla, ninguna carne se salvaría; pues no hubiese trabajado para producir la descendencia del rescate.

Por eso Jesús, ante los fariseos, preguntó: "¿Es  lícito rescatar una oveja en día sábado?" Ellos contaban los pasos que se podían caminar un sábado sin violar la ley, sin comprender que Dios había trabajado en su día de descanso por algo que realmente le importaba más: ellos mismos, como parte del género humano.

Dios es amor y su misericordia es, nada más y nada menos, que la Justicia de Dios moderada por Su Amor.

jueves, 28 de julio de 2016

¿Por qué permite Dios la injusticia?


El mundo es injusto

Tanto si usted es ateo, agnóstico, creyente, de izquierda, de derecha, rey de bastos, caradura o polizón en viaje a Venus, todos estamos de acuerdo en que este es un mundo inherentemente injusto. Injusto y contradictorio. Como en el cambalache de Discépolo, en la vidriera irrespetuosa del mundo contemplamos estampas como: “herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un acordeón”. Y es imposible negar que estamos “en el mismo lodo, todos manosea’os”.

Casi todos los hombres se han planteado estas preguntas: “Si existe Dios, y es un Dios de amor y de justicia, ¿por qué suceden tantas cosas injustas en el mundo? ¿Por qué permite Dios la maldad?


Dios tiene enemigos declarados, otras personas son indiferentes o están desorientadas y también hay defensores  acérrimos del Creador. Pero, inclusive entre los que parecen defender al Creador, hay algunos que trabajan para el Enemigo:

Un par de jóvenes padres se enfrenta a la muerte de su hijo. Un sacerdote católico se acerca a ellos y les dice: “Es que Dios lo vio tan hermoso y tan puro que quiso tener un angelito junto a Él”.

¿Qué clase de dios haría algo así? Un  dios miserable, injusto, egoísta, caprichoso, desamorado, insensible, despiadado. El sacerdote, ¿fue a consolar a los padres o a alejarlos de Dios? ¿A quién sirve?

La maldad manifiesta en el mundo hace que muchas personas de buen corazón terminen por negar la existencia de Dios. Entonces, si no queremos negar la realidad de Dios, tendremos que encontrar una respuesta satisfactoria que explique la razón por la cual Dios debe permitir la maldad por un tiempo, una explicación para su aparente conducta insensible y pasiva ante la iniquidad.


Buscando la respuesta


En el caso de la pareja que perdió a su hijo, un defensor de Dios podría decir que es Todopoderoso y autosuficiente, que el Padre no necesita recibir nada de nadie, que no creó el universo ni a los seres que viven dentro y fuera de él por necesidad alguna, sino por amor hacia sus creaciones, para que pudieran compartir con Él la alegría y la plenitud del ser y de la vida. Agregaría que los seres humanos que mueren no se transforman en ángeles, que los ángeles son creaciones individuales de Dios en el mundo espiritual; que fueron creados adultos y completos y que no se reproducen. Por lo tanto, no hay “angelitos”. Todo esto es cierto, pero no responde a la pregunta que nos preocupa.

Algunos tratan de darle un sentido positivo al sufrimiento. Dicen: “Nos pasan cosas malas porque Dios nos está probando o intentando que aprendamos algo”.
Es cierto que uno aprende y madura cuando la guitarra plañe, pues la misma Biblia dice:
«2Mejor es ir a la casa del duelo que ir a la casa del banquete, porque ese es el fin de toda la humanidad; y el que está vivo debe poner [esto] en su corazón. 3 Mejor es la irritación que la risa, porque por el mal humor del rostro se mejora el corazón. 4 El corazón de los sabios está en la casa del duelo, pero el corazón de los estúpidos está en la casa del regocijo.» (Eclesiastés 7: 2-4, Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras)

También es cierto que Dios no pretende que seamos unos amargos que no saben hallar regocijo en la vida. Lo que dice el texto es: Cuando la guitarra suena jota, bailamos; cuando plañe, nos planteamos las cosas profundamente, buscamos ayuda, hablamos con Dios, reflexionamos. Y nos hacemos más sabios; salimos mejores de la coyuntura. Eso es todo. Pero, ¿nos prueba o nos enseña Dios con cosas malas?

La Biblia responde:

«13 Al estar bajo prueba, que nadie diga: “Dios me somete a prueba”. Porque con cosas malas Dios no puede ser sometido a prueba, ni somete a prueba él mismo a nadie. 14 Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. 15 Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte.»  (Santiago 1: 13-15, misma traducción)

Santiago –medio hermano de Jesús-  dice, inspirado, que Dios no somete a prueba con cosas malas. El sufrimiento no proviene de Dios, el argumento es falaz.

Lo mejor, me parece, es buscar en el inicio y tratar de ver cómo comenzó la maldad en el mundo. Vayamos, pues, a los capítulos 2 y 3 del Génesis:

7 Y Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente. 8 Además, Jehová Dios plantó un jardín en Edén, hacia el este, y allí puso al hombre que había formado. 9 Así Jehová Dios hizo crecer del suelo todo árbol deseable a la vista de uno y bueno para alimento, y también el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo.»

[………]

15 Y Jehová Dios procedió a tomar al hombre y a establecerlo en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara. 16 Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás”.
18 Y Jehová Dios pasó a decir: “No es bueno que el hombre continúe solo. Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él”. 19 Ahora bien, Jehová Dios estaba formando del suelo toda bestia salvaje del campo y toda criatura voladora de los cielos, y empezó a traerlas al hombre para ver lo que llamaría a cada una; y lo que el hombre la llamaba, a cada alma viviente, ese era su nombre. 20 De modo que el hombre iba dando nombres a todos los animales domésticos y a las criaturas voladoras de los cielos y a toda bestia salvaje del campo, pero para el hombre no se halló ayudante como complemento de él. 21 Por lo tanto Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y entonces cerró la carne sobre su lugar. 22 Y Jehová Dios procedió a construir de la costilla  (1) que había tomado del hombre una mujer, y a traerla al hombre.
23 Entonces dijo el hombre:
“Esto por fin es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Esta será llamada Mujer, (2)
porque del hombre fue tomada esta”.
24 Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne. 25 Y ambos continuaban desnudos, el hombre y su esposa, y sin embargo no se avergonzaban.
3 Ahora bien, la serpiente resultó ser la más cautelosa de todas las bestias salvajes del campo que Jehová Dios había hecho. De modo que empezó a decir a la mujer: “¿Es realmente el caso que Dios ha dicho que ustedes no deben comer de todo árbol del jardín?”. 2 Ante esto, la mujer dijo a la serpiente: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer. 3 Pero en cuanto a [comer] del fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios ha dicho: ‘No deben comer de él, no, no deben tocarlo para que no mueran’”. 4 Ante esto, la serpiente dijo a la mujer: “Positivamente no morirán. 5 Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo”.
6 Por consiguiente, la mujer vio que el árbol era bueno para alimento, y que a los ojos era algo que anhelar, sí, el árbol era deseable para contemplarlo. De modo que empezó a tomar de su fruto y a comerlo. Después dio de este también a su esposo cuando [él estuvo] con ella, y él empezó a comerlo. 7 Entonces se les abrieron los ojos a ambos, y empezaron a darse cuenta de que estaban desnudos. Por lo tanto cosieron hojas de higuera y se hicieron coberturas para los lomos.

(1) Es notable que la falsa costilla es el único hueso del cuerpo humano que se regenera completamente si se deja un fragmento de periostio. Esto se usa en cirugía reparadora cuando hay que injertar hueso. En poco tiempo la costilla vuelve a crecer y hasta puede ser usada para nuevas operaciones, si es necesario.
(2) Hay una traducción que dice: “varona”. En el texto hebreo la palabra utilizada significa, literalmente, “hombre femenino”. Pero no es una frase, es una única palabra, el femenino de hombre. Es como si en español fuera “hombre” y “hombra”, o varón y varona, como figura en una traducción (ahora no puedo precisar cual).

Después de esto, siguieron las consecuencias de la desobediencia:

11 A lo que dijo él [Dios]: “¿Quién te informó que estabas desnudo? ¿Del árbol del que te mandé que no comieras has comido?”. 12 Y pasó el hombre a decir: “La mujer que me diste para que estuviera conmigo, ella me dio [fruto] del árbol y así es que comí”. 13 Ante eso, Jehová Dios dijo a la mujer: “¿Qué es esto que has hecho?”. A lo cual respondió la mujer: “La serpiente... ella me engañó, y así es que comí”.
14 Y Jehová Dios procedió a decir a la serpiente: “Porque has hecho esta cosa, tú eres la maldita de entre todos los animales domésticos y de entre todas las bestias salvajes del campo. Sobre tu vientre irás, y polvo es lo que comerás todos los días de tu vida. 15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Él te magullará en la cabeza y tú le magullarás en el talón”.
16 A la mujer dijo: “Aumentaré en gran manera el dolor de tu preñez; con dolores de parto darás a luz hijos, y tu deseo vehemente será por tu esposo, y él te dominará”.
17 Y a Adán dijo: “Porque escuchaste la voz de tu esposa y te pusiste a comer del árbol respecto del cual te di este mandato: ‘No debes comer de él’, maldito está el suelo por tu causa. Con dolor comerás su producto todos los días de tu vida. 18 Y espinos y cardos hará crecer para ti, y tienes que comer la vegetación del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás”.
20 Después de esto Adán llamó a su esposa por nombre Eva, porque ella tenía que llegar a ser la madre de todo el que viviera. 21 Y Jehová Dios procedió a hacer largas prendas de vestir de piel para Adán y para su esposa, y a vestirlos. 22 Y Jehová Dios pasó a decir: “Mira que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros al conocer lo bueno y lo malo, y ahora, para que no alargue la mano y efectivamente tome [fruto] también del árbol de la vida y coma y viva hasta tiempo indefinido...”. 23 Con eso Jehová Dios lo echó del jardín de Edén para que cultivara el suelo del cual había sido tomado. 24 De modo que expulsó al hombre, y al este del jardín de Edén apostó los querubines y la hoja llameante de una espada que continuamente daba vueltas para guardar el camino al árbol de la vida.
4 Ahora bien, Adán tuvo coito con Eva su esposa, y ella quedó encinta. Con el tiempo ella dio a luz a Caín y dijo: “He producido un hombre con la ayuda de Jehová”. 2 Más tarde volvió a dar a luz, a su hermano Abel.

Antes de ir a la cuestión que nos ocupa, nos resultará conveniente detenernos en otra, que nos servirá para empezar a comprender cómo actúa Dios. Jehová le había dicho a Adán que el día que comiera moriría. Sin embargo, sabemos por la misma Biblia que Adán vivió 930 años y murió (Génesis 5: 5) ¿Mintió Dios?

Busquemos la respuesta en la Biblia: «8 Sin embargo, no vayan a dejar que este hecho en particular se les escape, amados, que un día es para con Jehová como mil años, y mil años como un día.» (Segunda Carta de Pedro 3: 8)

¿Por qué Dios dejó que Adán viviera casi un milenio? La clave está en este texto: «8 “Porque los pensamientos de ustedes no son mis pensamientos, ni son mis caminos los caminos de ustedes —es la expresión de Jehová—. 9 Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que los caminos de ustedes, y mis pensamientos que los pensamientos de ustedes.» […]
«11 así resultará ser mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados, sino que ciertamente hará aquello en que me he deleitado, y tendrá éxito seguro en aquello para lo cual la he enviado

Dios jamás cambia sus designios. Él es amor (Primera Carta de Juan 4: 8; 4: 16), es justo, sabio y poderoso. No ejerce una justicia ciega y fría; al ser amor, modera siempre la justicia con amor; la justicia más el amor es la misericordia. Además, él siempre hace lo mejor para todos y nunca se guarda nada bueno que le pueda dar a alguna de sus creaciones.

Dios le había propuesto a la primera pareja que se reprodujeran, que sojuzgaran la tierra, que tuvieran en sujeción a los animales y extendieran el Paraíso a todo el planeta. Era un propósito bueno, inmejorable. Toda la humanidad viviendo como una gran familia, esparcida por toda la tierra; en paz, con abundancia y completa salud. Si no pecaban no tenían por qué morir, ni envejecer, ni enfermar. Si Adán no hubiese pecado, hoy estaría vivo en perfecta salud y luciendo como un hombre de unos treinta años. Y este mundo no sería lo que es, sino un jardín cultivado, un mundo de paz en el sentido más amplio de la palabra.

Adán no había tenido hijos cuando pecó. De haber ejecutado la condena a muerte ese mismo día, toda la humanidad que estaba en él no habría nacido. Los hijos de Adán no habían pecado, no existían, eran inocentes.

Pero Adán siguió biológicamente vivo, aunque agonizando lentamente; dirigiéndose lenta, pero inexorablemente, a la degradación y la inexistencia. Según la palabra que había salido de Dios, un ser eterno que siempre cumple sus propósitos, Adán ya estaba muerto. Una consecuencia lamentable de esto es que toda su prole heredó el pecado, la enfermedad y la muerte. Nacemos y comenzamos a morir. Somos prole de Adán, no de Dios. Nos tocó nacer en una “tierra maldita por tu causa” y gobernada por un mentiroso criminal, padre de la mentira y un asesino desde el principio (Juan 8: 44). Pero esto no es algo que Dios no pueda solucionar después. Para eso es el Reino de Dios, en manos de Su Hijo, que hemos estado pidiendo sin saber muy bien qué es y para qué, reino que ejercerá su poder restaurador en poco tiempo.

Pero, ¿por qué no restauró Dios las cosas ya? ¡Hace tanto tiempo que la humanidad sufre!

Hay otra cuestión en juego. Veamos.

Lo primero que hizo Satanás (significa “Resistidor”) cuando habló con Eva fue tratar a Dios de mentiroso. Eva dijo que Dios les había comunicado que el día que comieran del fruto morirían y el Diablo le dijo: “no morirán”. Seguidamente, el ángel rebelde le dio a entender que Dios no quería que ellos fueran como Él, conociendo lo bueno y lo malo. En la expresión de Satanás queda como que ellos podían y que Dios no se los daba por egoísmo. Fue entonces cuando Eva miró el fruto y vio que era bueno. Mordió el anzuelo y pecó, pero engañada.

El pecado de la primera pareja humana consistió en una usurpación de un poder que no podían tener; no eran suficientemente sabios ni inteligentes como para tener autonomía moral y decidir por sí mismos lo que estaba bien y lo que no. También hubo desobediencia y falta de amor y agradecimiento para el Creador, que tantos buenos regalos les había dado.

La rebelión que inició el Diablo (significa “Calumniador”) planteó una cuestión universal e inédita en la Creación. Desafió a Dios, no en su poder, sino en su autoridad moral. También propuso que el hombre podía gobernarse solo. Todos los ángeles presenciaron un planteo que nunca se había realizado y que no tenía respuesta cierta para ellos.

Consecuentemente, Dios tuvo que permitir que los hechos demostraran quién tenía razón. Si hacía una demostración de poder y destruía a Satanás eso no probaba nada. Antes bien, podía despertar más dudas en los ángeles. Permitiéndoles hacer, iba a quedar en evidencia quién mentía. Algo más de seis mil años de historia registrada demuestran, sin ninguna duda, que el hombre, que cree que se gobierna, y los seres invisibles que están detrás de la rebelión, no han producido más que dolor e injusticia.

La resurrección de los muertos durante el milenio de gobierno de Cristo en la tierra y ese propio gobierno corregirán todos los males cometidos.


  «Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado”.» (Apocalipsis 21: 3-4)

martes, 19 de abril de 2016

Arthur Machen - Una visión particular del bien y el mal


Arthur Machen - 'The White People'
Prólogo
Ambrosio dijo: Brujería y santidad, he aquí las únicas realidades, Y prosiguió: la magia tiene su justificación en sus criaturas; comen mendrugos de pan y beben agua con una alegría mucho mas intensa que la del epicúreo. 
¿Os referís a los santos?
Si, y también a los pecadores, creo que vos caéis en el error frecuente de los que limitan el mundo espiritual a las regiones del bien supremo. Los seres extremadamente perversos forman parte también del mundo espiritual. El hombre vulgar, carnal y sensual no será jamás un gran santo. Ni un gran pecador. En nuestra mayoría somos simplemente criaturas de barro cotidiano, sin comprender el significado profundo de las cosas, y por esto el bien y el mal son en nosotros idénticos: de ocasión sin importancia.
¿Pensáis, pues que el gran pecador es un asceta lo mismo que el gran santo?
Los grandes, tanto en el bien como en el mal, son los que abandonan las copias imperfectas y se dirigen a los originales perfectos. Para mi no existe la menor duda, los mas excelsos entre los santos jamás hicieron 'una buena acción', en el sentido común de la palabra. Por el contario existen hombres que han descendido hasta el fondo de los abismos del mal, y que en toda su vida, no han cometido lo que vosotros llamáis una 'mala acción'.
Se ausentó un momento de la estancia, Cotgrave se volvió a su amigo y le dio las gracias por haberle presentado a Ambrosio.   Es formidable, dijo. Jamás había visto a un chalado de esta clase.
Ambrosio volvió con una nueva provisión de whisky y sirvió a los dos hombres con largueza. Criticó con ferocidad la secta de los abstemios, pero se sirvió un vaso de agua. Iba a reanudar su monólogo cuando Cotgrave le atajó.
Vuestras paradojas son monstruosas. ¿Puede un hombre ser un gran pecador sin haber hecho nunca nada culpable? ¡Vamos hombre!
Os equivocáis completamente, dijo Ambrosio, pues soy incapaz de paradojas: ¡ojala pudiera hacerlas! He dicho simplemente que un hombre puede ser un gran conocedor de vinos de Borgoña sin haber entrado jamás en una taberna. Esto es todo, y ¿no os parece más una perogrullada que una paradoja?
Vuestra reacción revela que no tenéis la menor idea de lo que puede ser el pecado.¡Oh! naturalmente existe una relación entre el Pecado con mayúscula y los actos considerados como culpables: asesinato, robo, adulterio, etc. Exactamente la misma relación que existe entre el alfabeto y la poesía genial.
 Vuestro error es casi universal: os habéis acostumbrado como todo el mundo a mirar las cosas a través de unas gafas sociales. Todos pensamos que el hombre que nos hace daño a nosotros o a nuestros vecinos es un hombre malo. Y lo es desde el punto de vista social. ¿Pero no podéis comprender que el Mal, en su esencia, es una cosa solitaria, una pasión del alma? El asesino corriente, como tal asesino, no es en modo alguno un pecador en el verdadero sentido de la palabra. Es sencillamente una bestia peligrosa, de la que debemos librarnos para salvar nuestra piel. Yo lo clasificaría mejor entre las fieras que entre los pecadores.
 Todo esto me parece un poco extraño
Pues no lo es, el asesino no mata por razones positivas, sino negativas, le falta algo que poseen los no-asesinos. El Mal por el contrario es totalmente positivo. Pero positivo en el sentido malo. Y es muy raro. Sin duda hay menos pecadores verdaderos que santos. En cuanto a los que llamáis criminales, son seres molestos, desde luego, y de los que la sociedad hace bien en guardarse; pero entre sus actos antisociales y el Mal existe un abismo. ¡Creedme!
Se hacía tarde. El amigo que había llevado a Cotgrave a casa de Ambrosio había oído sin duda esto otras veces. Escuchaba con sonrisa cansada y un poco burlona, pero Cotgrave empezaba a pensar que su 'alienado' era tal vez un sabio.
¿Sabéis que me interesáis enormemente? , dijo. ¿Opináis pues que no comprendemos la verdadera naturaleza del Mal?
Lo sobreestimamos. O bien lo menospreciamos. Por una parte, llamamos pecado a las infracciones de los reglamentos de la sociedad, de los tabúes sociales. Es una exageración absurda. Por otra parte atribuimos una importancia tan enorme al 'pecado' que consiste en meter mano a nuestros bienes o a nuestras mujeres que hemos perdido absolutamente de vista lo que hay de horrible en los verdaderos pecados.
 Entonces ¿qué es el pecado?, dijo Cotgrave.
Me veo obligado a responder a su pregunta con otras preguntas. ¿Que experimentaría si su gato o su perro empezaran a hablarle con voz humana? ¿Y si las rosas de su jardín se pusieran a cantar? ¿Y si las piedras del camino aumentaran de volumen ante sus ojos? Pues bien, estos ejemplos pueden darle una vaga idea de lo que realmente es el pecado.
Escuchen, dijo el tercer hombre, que hasta entonces había permanecido muy tranquilo, me parece que los dos están locos de remate. Me marcho a mi casa. He perdido el tranvía y tendré que ir a pie, Ambrosio y Cotgrave se arrellanaron aun más en sus sillones después de su partida. La luz de los faroles palidecía en la bruma de la madrugada, que helaba los cristales.
Me asombra usted, dijo Cotgrave. Jamás había pensado en todo esto. Si realmente es así hay que volverlo todo al revés. Entonces según usted la esencia del pecado sería...
Querer tomar el cielo por asalto, respondió Ambrosio. El pecado consiste en mi opinión, en la voluntad de penetrar de manera prohibida en otra esfera más alta. Esto explica que sea tan raro. En realidad pocos hombres desean penetrar en otras esferas, sean altas o bajas, y de manera autorizada o prohibida. Hay pocos santos. Y los pecadores, tal como yo los entiendo, son todavía más raros. Y los hombres de genio (que a veces participan de aquellos dos) también escasean mucho... Pero puede ser más difícil convertirse en un gran pecador que en un gran santo.
¿Porque el pecado no es esencialmente naturaleza?
Exacto. La santidad exige un esfuerzo igualmente grande, o poco menos, pero es un esfuerzo que se realiza por caminos que eran antaño naturales. Se trata de volver a encontrar el éxtasis que conoció el hombre antes de la caída. En cambio el pecado es una tentativa de obtener un éxtasis y un saber que no existen y que jamás han sido dados al hombre y el que lo intenta se convierte en demonio.
Ya le he dicho que el simple asesino no es necesariamente un pecador. Esto es cierto, pero el pecador es a veces asesino. Pienso en Gilles de Rais, por ejemplo. Considere que, si el bien y el mal están igualmente fuera del alcance del hombre contemporáneo, del hombre corriente, social y civilizado, el mal lo esta en un sentido mucho mas profundo.
El santo se esfuerza en recobrar un don que ha perdido; el pecador persigue algo que no ha poseído jamás. En resumidas cuentas reproduce la Caída.
¿Es usted católico?, preguntó Cotgrave.
Sí, soy miembro de la Iglesia anglicana perseguida.
Entonces ¿que me dice de esos textos en que se denomina pecado lo que usted califica de falta sin importancia?
Advierta, por favor, que en estos textos de mi religión aparece reiteradamente el nombre de 'mago' que me parece la palabra clave. Las faltas menores que se denominan pecados, solo se llaman así en la medida que el mago perseguido por mi religión esta detrás del autor de esos pequeños delitos. Pues los magos se sirven de las flaquezas humanas resultantes de la vida material y social como instrumentos para alcanzar su fin infinitamente execrable.   Y permita que le diga esto: nuestro sentidos superiores están tan embotados, estamos hasta tal punto saturados de materialismo, que seguramente no reconoceríamos el verdadero mal si nos tropezáramos con el.
Pero ¿es que no sentiríamos a despecho de todo un cierto horror, este horror, de que me hablaba hace un momento al invitarme a imaginar unas rosas que rompiesen a cantar?
Si fuésemos seres naturales, sí. Los niños, algunas mujeres y los animales sienten ese horror. Pero en la mayoría de nosotros, los convencionalismos, la civilización y la educación han embotado y oscurecido la naturaleza. A veces podemos reconocer el mal por el odio que manifiesta al bien, y nada más, pero esto es puramente fortuito. En realidad, los Jerarcas del Infierno pasan inadvertidos a nuestro lado.
¿Piensa que ellos mismos ignoran el mal que encarnan?
Así lo creo. El verdadero mal en el hombre es como la santidad y el genio. Es un éxtasis del alma, algo que rebasa los límites naturales del espíritu, que escapa a la conciencia. Un hombre puede ser infinitamente y horriblemente malo, sin sospecharlo siquiera. Pero repito: el mal, en el sentido verdadero de la palabra, es muy raro. Creo que incluso cada vez lo es más.
Procuro seguirle, dijo Cotgrave. ¿Cree usted que el Mal verdadero tiene una esencia completamente distinta de lo que solemos llamar el mal?
Absolutamente. Un pobre tipo excitado por el alcohol vuelve a su casa y mata a patadas a su mujer y a sus hijos. Es un asesino. Gilles de Rais es también un asesino. Pero ¿advierte usted el abismo que los separa? La palabra es accidentalmente la misma en ambos casos, pero el sentido es totalmente distinto.
Gilles de Laval, Baron de Rais   (1404-1440) - (Barba Azul).   Acaudalado noble y militar, defensor de Francia junto a Juana de Arco y ferviente admirador de ésta, cuya trágica muerte en la hoguera perturbará su personalidad definitivamente iniciando una increíble carrera de crímenes y sacrilegios que lo conducirán a las más crueles prácticas de sadismo bajo la influencia del mal, del cual parecerá librarse solamente poco antes de ser ejecutado en la hoguera.

Cierto que el mismo débil parecido existe entre todos los pecados sociales y los verdaderos pecados espirituales, pero son como la sombra y la realidad. Si usted es un poco teólogo tiene que comprenderme.
Le confieso que no he dedicado mucho tiempo a la teología, observó Cotgrave. Lo lamento; pero volviendo a nuestro tema ¿cree usted que el pecado es una cosa oculta, secreta?
Si. Es el milagro infernal, como la santidad es el milagro sobrenatural. El verdadero se eleva a un grado tal que no podemos sospechar en absoluto su existencia. Es como la nota más baja del órgano, tan profunda que nadie la oye. A veces hay fallos, recaídas, que conducen al asilo de locos o a desenlaces todavía más horribles.
 Pero en ningún caso debe confundirlo con la mala acción social. Acuérdese del Apóstol: hablaba del otro lado y hacia una distinción entre las acciones caritativas y la caridad. De la misma manera que uno puede darlo todo a los pobres y, a pesar de ello, carecer de caridad, puede evitar todos los pecados y, sin embargo ser una criatura del mal.
¡He aquí una psicología singular!, dijo Cotgrave. Pero confieso que me gusta. Supongo que según usted, el verdadero pecador podía pasar muy bien por un personaje inofensivo, ¿no es así?
Ciertamente. El verdadero mal no tiene nada que ver con la sociedad. Y tampoco el Bien, desde luego. ¿Cree usted que se sentiría a gusto en compañía de san Pablo? 
¿Cree usted que se entendería bien con sir Galahad? Lo mismo puede decirse de los pecadores. Si usted encontrase a un verdadero pecador y reconociese el pecado que hay en él sin duda se sentiría horrorizado. Pero tal vez no existiría ninguna razón para que aquel hombre le disgustara. Por el contrario es muy posible que si lograba olvidar su pecado, encontrase agradable su trato.
¡Y sin embargo! ¡No! ¡Nadie puede adivinar cuan terrible es el verdadero mal..! ¡Si las rosas y los lirios del jardín se pusieran a cantar esta madrugada, si los muebles de esta casa empezaran a desfilar en procesión como en el cuento de Maupassant...!
Celebro que vuelva a esta comparación, dijo Cotgarve, pues quería preguntarle a que corresponden, en la humanidad estas proezas imaginarias de las cosas que usted cita. 
Repito: ¿que es pues el pecado? Quisiera que me diese un ejemplo concreto.
Por primera vez Ambrosio vaciló:
Ya le he dicho que el verdadero mal es muy raro. El materialismo de nuestra época que tanto ha hecho para suprimir la santidad, tal vez ha hecho más aun para suprimir el mal. Encontramos la tierra tan cómoda, que no sentimos deseos de subir ni de bajar. Todo ocurre como si un especialista del Infierno realizase trabajos puramente arqueológicos.
Sin embargo tengo entendido que sus investigaciones se han extendido hasta la época actual.
Veo que usted está realmente interesado. Pues bien, le confieso que he reunido, en efecto, algunos documentos...

(Prólogo de "The White People (1899) incluido en la siguiente fuente bibliográfica). 
Libro: The house of souls, Knopf, New York (1906, 1922 ed.)  


Para el lector no advertido, hay que hacer una aclaración importante: aunque Ambrosio admite ser católico, no lo es en absoluto. En cuanto a los que creen que hay un Dios, hay dos categorías de creyentes: los que creen en un Dios Padre, Creador, y los que creen en un Dios no persona, ni padre, ni creador. Éstos últimos consideran a Dios como una fuerza que ordena la naturaleza, pero que no creó y hasta es incapaz de crear.

Los que creen en un Dios Creador y Padre, consecuentemente deberían creer que es un Ser que decide –y tiene derecho a decidir- sobre lo que está mal o bien y es alguien a quien se debe rendir cuentas. Un creyente genuino de esta clase, que ama al Creador, considera que, si bien Dios le otorgó libre albedrío, debe responder al Creador por sus actos. El llamado “temor de Dios” no es un temor morboso, sino el miedo a ofender o contrariar a alguien muy amado. Para estas personas no es potable considerar los “pecados sociales” como insignificantes.

Ambrosio es un personaje imaginario; pero el autor de la obra perteneció a una sociedad secreta iniciática denominada “Golden Dawn” (Alborada o Aurora Dorada). Para estos neo-paganos, los que creen en Dios lo ven como a una Fuerza que ordena la naturaleza, pero esa condición de no persona de la Divinidad los exime de rendir cuentas y le resta importancia a los “pecados de la carne”. Lo que exigiría esa “Fuerza” es que no interfirieran con ella, es una relación de coexistencia más que de compromiso. Es en esta postura en donde radica la diferencia.

Lo que Ambrosio llama “el verdadero mal” es lo que cambia -o intenta cambiar- el Orden natural impuesto por la Fuerza ordenatriz que acciona sobre la naturaleza.

Una postura conciliadora entre ambas corrientes sería hacer una distinción entre pecados sociales, o carnales, y pecados “espirituales” (de hecho, el texto lo hace) que, como consigna Ambrosio, no necesariamente requieren de lo que llamamos “malas acciones”: «Cierto que el mismo débil parecido existe entre todos los pecados sociales y los verdaderos pecados espirituales, pero son como la sombra y la realidad. Si usted es un poco teólogo tiene que comprenderme.»
  «De la misma manera que uno puede darlo todo a los pobres y, a pesar de ello, carecer de caridad, puede evitar todos los pecados y, sin embargo ser una criatura del mal.»

Hay que considerar, también, que entre estos iniciados se considera la fe como destinada al vulgo, los sabios hacen uso de “nuestras sabias mentiras”, entre las que se encuentran (para ellos) las religiones, las mitologías, las cosmogonías. Sin embargo, suele dejarse las creencias individuales a la conciencia de cada uno, aunque esto no es lo que se enseña.
Edward George Earle Bulwer-Lytton, primer barón Lytton (Londres, 25 de mayo de 1803 – Torquay, 18 de enero de 1873), también fue miembro de la sociedad Golden Dawn, de la Rosacruz y de la Masonería. Veamos lo que dice su novela “Los Últimos Días de Pompeya”, como consta en la traducción española publicada por Editorial Sopena en 1952, páginas 24 y 25:

“Por eso lo coloqué entre vosotros, y ahora es sacerdote.”

“-Así es, en efecto –dijo Caleno- . Pero al estimular su fe le has quitado el juicio. Se horroriza al saber que lo hemos engañado. Nuestras sabias mentiras, las estatuas que hablan y las escaleras secretas le espantan e irritan; se queda en su celda y se consume lentamente; no asiste a nuestras ceremonias y no habla más que consigo mismo. Se dice que trata con personas sospechosas de pertenecer a esa nueva secta atea [los primeros cristianos] que niega todos nuestros dioses y que considera a nuestros oráculos como la inspiración del espíritu maléfico de que hablan las tradiciones orientales. ¡Nuestros oráculos! ¡Vaya! Si sabremos nosotros dónde se encuentra la inspiración de nuestros oráculos.”

“- Ya me temía yo eso –dijo Arbaces preocupado -. Me di cuenta de lo que le sucedía por varios reproches que me hizo la última vez que lo vi. He notado que últimamente trata de huir de mí, pero debo encontrarlo y continuar mis lecciones. Quiero revelarle el santuario de la sabiduría, que hay dos grados de santidad: el primero, la fe; el segundo, el fraude; uno para el vulgo, el otro para los sabios.”

“- Por el primero no he pasado yo –dijo Caleno- y creo que tú, Arbaces, tampoco.”

“Te equivocas –replicó el egipcio -. Yo creo, no en lo que enseño, pero sí en lo que no enseño. Existe en la Naturaleza una santidad de la cual no podría ni me atrevería a dudar.”...


Resumiendo: Un Dios Creador y Padre no es compatible o coherente con un Dios Fuerza, no creador ni padre. Pero la distinción entre las dos clases de pecados no es incompatible. Sí hay una diferencia en la actitud moral del que cree en un tipo u otro de Dios. Para Machen, un neo-pagano iniciado en la Golden Dawn, los pecados “sociales” no son tan relevantes moralmente porque su dios no es alguien a quien se deba rendir cuentas. Esos actos, para él, son molestos o hasta peligrosos, en tanto perjudican a los demás y pueden destruir un orden social, pero no tienen la relevancia que le confieren aquellos que creen en un Dios Creador.


  

sábado, 19 de marzo de 2016

¿Perros vivos o leones muertos?


Ella: - Parece mentira que haya convivido tanto tiempo con él. Me impresiona como si hubiera pasado un tiempo enorme desde que dejamos de vivir juntos. Con el paso del tiempo una olvida las cosas malas y van quedando solamente las buenas, un cariño piadoso que permite ser indulgente con el que ya no está en mi vida. Pasaron siete años... Quizás sea este el secreto de la vida: saber poner distancia y guardar solo lo bueno.

Él: - De esta forma, es como si estuvieses viviendo en un cementerio, rodeada de tumbas y solo de los buenos recuerdos de los que ya no son. El "bueno" de turno sería como el cuidador del cementerio; hasta que lo malo en él, para ti, lo transforme en un muerto más. Pienso que estás equivocada. Yo creo que el secreto de la vida está en saber ver lo bueno de alguien y olvidar lo malo sin tener que alejarse de él.

Vivir en un mundo de olvidados y ausentes no nos enriquece. Tan solo abona nuestro egoísmo, junto con el amor propio "desparejo" ["Ama a tu prójimo como a ti mismo" - Levítico 19: 18] que lo hace po sible, y deja espacio libre para que brote y se desarrolle lo malo que hay en ti misma. Y mañana podrías estar vos en una tumba en el cementerio de los afectos de alguien.


Apostá a la vida. La Biblia dice: "[M]ejor es perro vivo que león muerto". (Eclesiastés 9: 4, Reina-Valera 1960) Que alguien hoy sea para vos un perro abandonado y enfermo, pero vivo, es mucho mejor que el mismo perro transformado en un león muerto por el paso sanador del tiempo y del olvido. Los leones muertos no sirven para nada.

sábado, 19 de diciembre de 2015

La suerte está echada




Él: - ¿Por qué no vuelves a las reuniones? Puedo entender que no quieras concurrir a nuestra congregación, pero hay otras. Después de todo, estás viendo a Graciela, la acompañas a todas partes. Todo el mundo lo sabe y nadie le ha dicho nada a ella; no como antes.

Yo: - Lo sé, pero el mal es más profundo y no depende del lugar en donde me congregue. Basta que diga que tengo una amiga para que repitan el versito: “La Sociedad desaconseja la amistad entre un hombre y una mujer” o algo parecido. De nada sirve que explique que hace veintiocho años que nos conocemos, que nunca pasó nada. No se detienen ni siquiera a considerar las circunstancias particulares de la relación. No disciernen, solo repiten lo que se les dice. No saben ver más allá de lo evidente.
Un día recibí un llamado telefónico de Osvaldo. Me dijo que lo esperara en la plaza, que pasaba a buscarme con el auto para ir a la reunión. Cuando vino, con él estaban una hermana precursora y Mariana. Bajamos del vehículo y entramos al salón. Una mujer me preguntó si la precursora era mi esposa, de igual forma como hicieron unos setenta publicadores cuando Graciela entró conmigo, hace ya cinco o seis años, ¡parece mentira cómo pasa el tiempo! Estuve tres años explicando la naturaleza de la relación, pero fue lo mismo que hablarle a una pared.

Él: - ¡Bueno, no puedes culparlos por obedecer los consejos! Son para bien de todos, incluido tu propio bien.

Yo: - No son para bien. Encerrándose en una burbuja pueden permanecer aparentemente virtuosos. Digo aparentemente porque en cuanto se presente una oportunidad, el hambre y la sed te obligan a saciarte. Los fuerzan a caminar por un desierto con el fin de protegerlos, pero así no aprenden a conducirse y tampoco llegan a amar verdaderamente al que tienen en frente (porque no está cerca, porque no crean lazos, porque no invierten tiempo en el prójimo ni se comprometen con él), que es lo que hace falta para no hacer daño a los que se relacionan con nosotros. El otro debe ser tan o más importante que tú para que no lo uses destructivamente, para que no abuses de él ni lo conduzcas a la muerte. “El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.” (Romanos 13: 10) Y no es un amor basado solamente en principios, sino que involucra al corazón, a los sentimientos: “Ahora que ustedes han purificado sus almas por [su] obediencia a la verdad con el cariño fraternal sin hipocresía como resultado, ámense unos a otros intensamente desde el corazón.”  (Primera de Pedro 1: 22)
Insisto: no son consejos para bien. Está claro por el fruto que produjeron conmigo. En nombre del Dios que es Amor no se puede prohibir el amor.

Él: - ¡Eso es porque no obedeciste! Si hubieras sido humilde y acatado lo que te decían, Jehová te habría bendecido. Fíjate que en el último texto que citaste habla de la “obediencia a la verdad”.

Yo: - Obediencia a la verdad… ¿Dónde está la verdad?

Él: - En la Biblia, la Palabra de Dios.

Yo: - Curiosamente, dos ancianos vinieron a mi casa a reconocer que la Biblia no dice nada a cerca de la amistad entre un hombre y una mujer. O sea, no hay verdad que obedecer. Lo que no está prohibido está permitido. Decir que algo que no está escrito es “la voluntad de Jehová” es un abuso de autoridad y un adelantarse presuntuosamente. Los nuevos rollos son para el nuevo mundo y serán inspirados, el esclavo no es inspirado, no hoy. Ahora tenemos a la Biblia y no hay lugar para imponer opiniones personales; menos si se enuncian “en nombre de Jehová”.

Él: - Pero también mencionaron un principio bíblico: ”El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?”, como consta en Jeremías 17: 9.

Yo: - Jeremías 17: 9 no es un principio bíblico. Si fuera un principio se cumpliría siempre y, si fuera así, la Palabra resultaría falsa y hasta contradictoria. Porque Jeremías 33: 31 dice que Jehová va a escribir su ley en los corazones de los que le sirven. Ezequiel 36: 26 dice que les cambiará el corazón de piedra por uno de carne; las piedras no aman, la carne y el espíritu sí. Si el corazón fuera siempre irremediablemente traicionero y desesperado, ¿para qué prometería Jehová escribir la ley en los corazones? Y no habla del nuevo mundo, sino del nuestro, de alistar un pueblo que le sirva de corazón, con la ley escrita en la fuente de sus deseos y acciones, no en piedra.

Él: - ¿No piensas obedecer?

Yo: - Si obedezco eso que no tiene apoyo bíblico y que forma parte de algo mayor que conduce a mis hermanos al pecado, no solo estaría pecando con ellos, sino que cometería idolatría. ¿De quién eres testigo? ¿De Jehová o del esclavo?

Él: - De Jehová. Pero el esclavo es quien Dios designó para darnos alimento espiritual y para conducirnos.

Yo: - El alimento y la conducción deben ser preparados a partir de la Biblia y no por lo que ellos piensan. Si no está escrito, no sabemos. Esperemos y sepamos que deberemos responder por nuestras acciones (pero, donde no hay ley no se imputa pecado. - Romanos 4 15; Romanos 7: 7 ). El esclavo fue nombrado sobre nosotros para conducirnos y para alimentarnos. Pero somos co-esclavos de un mismo Señor. Nosotros no somos esclavos del esclavo y no tienen autoridad para ir más allá de lo que la Biblia dice. Tampoco para limitar el libre albedrío de los hermanos; no sobre algo que no está escrito. Jehová es el Dios Todopoderoso y respeta la voluntad de sus creaciones. Pide por favor y no impone.

Él: - ¿No estás haciendo algo muy grande a partir de una relación particular con una mujer?

Yo: - No estoy planteando una cuestión a partir de una relación personal con mi amiga. La actitud de poner normas a partir de pareceres personales de los miembros del gobierno teocrático fue mucho más allá y causó más daño que el que me hicieron a mí. Y puede seguir afectando más a otros en el futuro inmediato, si no cambian de actitud.

Él: - ¿En qué fueron más allá? No puedo creer lo que oigo.

Yo: - Por el tiempo que hace que perteneces a la hermandad creo que debes saber que hace unos cuarenta años el esclavo decía que dentro del matrimonio podía haber fornicación. Ellos decían que ciertas relaciones sexuales contranaturales o pervertidas eran fornicación aun entre los miembros de un matrimonio. Como Jesús había enseñado que el único motivo que podía servir para romper un vínculo matrimonial era la fornicación y que, si el miembro ofendido no perdonaba, podía divorciarse y volver a casarse sin que fuera procedente levantar un cargo por adulterio, permitieron que se disolvieran muchos vínculos con esa base, aparentemente teocrática. Después, en La Atalaya del 15 de julio de 1983, dejaron constancia de un ajuste de entendimiento con respecto a este punto. Resultó que no había tal fornicación en el matrimonio y, por lo tanto, no era teocrático ni correcto permitir la disolución del vínculo. Tuvieron que incluir un párrafo en el que decían que no había que señalar a los que anularon sus matrimonios a partir del entendimiento que tenían antes. Pero no pidieron disculpas. Porque los hermanos no “entendían” por ellos mismos, sino a partir de lo que les enseñaron y ellos aceptaron sin analizar críticamente a la luz de lo que sabían que la Biblia decía. Es así, se publica en La Atalaya y lo creen. No solamente lo creen; no aceptan que otro diga algo contrario aunque muestre base bíblica que lo sustente. De parte de la conducción hubo un adelantarse presuntuosamente considerando y enseñando cosas que la Biblia no dice explícitamente. Pero hubo más: condujeron a otros al adulterio. Como el salario que el pecado paga es muerte, conducir a otro al pecado es equivalente a asesinarlo. Gracias a la inmensa misericordia de Jehová, perdonó a todos los involucrados y los siguió bendiciendo. Pero eso no le quita gravedad a la falta, sobre todo considerando que se mantiene la actitud. En cuanto a los que hicieron caso, se dice que son inocentes porque obedecieron. No es así. Los adultos son responsables por sus actos. Son libres y están bautizados, no pueden ignorar y escudarse en la obediencia para eximirse de pecado. Fueron adúlteros e idólatras, esto último al aceptar sin análisis lo que el esclavo decía (Gálatas 1: 8-9) Pero fueron perdonados por Dios. Los que hacen la obra de los últimos tiempos son ellos y Dios no es injusto para olvidar todo lo bueno que hicieron.

Él: - No sé qué decirte, no quiero apresurarme y luego arrepentirme. Entonces, ¿no piensas volver?

Yo: - Vuelvo si veo que admiten esto y corrigen las cosas. Si no lo hacen, no quiero vivir sin amor. Me juzga Jehová y no discuto su veredicto. Lo que Él decida está bien. Morir es como dormir sin soñar; un instante y ya no eres. No quiero sufrir más. En el Paraíso o en la tumba, Dios decide. Es un Juez justo. Si vuelvo será cuando las palabras “amor” y “hermano” no sean un sonido en la plataforma; quiero que esas palabras se traduzcan en acciones, que sean palpables, no intangibles. Y que nadie ensucie las intenciones de un corazón que no conocen y que no pueden leer. Condenar a alguien por algo que “todavía” no cometió es una injusticia. A mí me quitaron el privilegio de ser publicador por expresar desacuerdo; pero no un desacuerdo caprichoso. Tenía y tengo base bíblica.

Él: - ¿Te arriesgas a morir?

Yo: - Sí, la suerte está echada.