No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
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sábado, 7 de febrero de 2009

No siempre se puede pedir.


Es un lugar común decir que en una pareja bien constituida es posible pedir al otro lo que uno necesita. Y es cierto, siempre y cuando la pareja realmente se encuentre bien, en "perfecta salud".

Si un hombre atiende sexualmente bien a su pareja, con verdaderas ganas, amor y dedicación, no hay inconveniente para que su mujer le pida un día que le haga el amor hasta que ella diga basta, exhausta. Pero esto cambiaría radicalmente si este hombre llevara seis meses sin tocarla. Ya no sería un pedido ocasional sino un reclamo, un ruego, ante quien debiera fijarse más seguido en ella. Y el amor implorado, el amor por pedido, por obligación, no sirve.

Por eso, en determinadas circunstancias, es bastante difícil que una mujer pida lo que hace tiempo no recibe. Resulta mucho más factible hacerlo con quien no tiene ninguna relación con ella. Si se atreve, resulta menos denigrante parar a un desconocido en la calle y decirle: "Soy esposa y madre. No busco un gran amor. No tienes por qué saber mi nombre ni yo el tuyo. Sólo quiero que me faltes el respeto, que me destroces una noche. Mi cuerpo lo necesita."

Muy pocos despreciarán semejante propuesta. Quizás un hombre muy religioso o alguien que piense en el verdadero bienestar de quien tiene adelante y no en su conveniencia. Alguien que use empatía y comprenda la trascendencia y la negatividad del acto.

Pero hombres así no abundan y es probable que, si encuentra uno, una mujer que se haya atrevido a pasar el límite ni siquiera lo aprecie.

Actuar sin conciencia siempre es triste para todas las partes.

1 comentario:

martirio dijo...

Hola
De casualidad llegue a tu blog y me encuentro con la sorpesa que un tal Cavarozzi fue amigo de tu padre.Bueno, creo que fue amigo del mío, Vicente Cavarozzi, fabricante de muebles, y que el apellido Carcagno era bastante nombrado en casa.Tengo alguna foto en la que estan los dos.
Mi nombre es Gilda,y mi direccion de correo gildacavarozzi@gmail.com.
Saludos y hasta pronto