No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
_____________________________________________

martes, 5 de noviembre de 2013

Las primeras lecciones


Hay muchas cosas que los seres humanos damos por sentadas, o que no nos tomamos el trabajo de analizar y valorar debidamente.

Una de ellas es el calibre de la relación entre un hijo (o hija) y su madre. Mientras uno está en el vientre materno no hay distinción entre ambas personas. El hijo no percibe que él y la madre son dos seres
diferentes. Se halla cómodo, en un lugar cálido y a resguardo. No necesita respirar mecánicamente, porque el oxígeno que precisa le llega a su sistema circulatorio a través de la placenta y del cordón umbilical. El anhídrido carbónico se va de la misma manera y tampoco tiene hambre; lo que necesita está siempre en su sangre (a menos que la madre esté padeciendo una necesidad extrema, pero lo que precisa -si queda algo- lo quita de la madre). En una situación normal, un ser humano en gestación no necesita nada, porque todo le viene servido. Ignora lo que es necesidad hasta que nace. Él forma parte de su entorno y el entorno es él. Su madre y él son uno solo.

Pero por fin viene un día en el que tiene que salir fuera de su madre. Todo cambia y mucho. No importa que hayan tratado de aumentar la temperatura del lugar de alumbramiento: falta la contención, faltan la intimidad, el contacto estrecho, la media luz rojiza o la oscuridad, ese latir familiar que, cual música, le acompañó en su hospitalaria estancia. De pronto, pierde el abrazo del cuerpo de su madre que, hasta ahora, era él mismo. Él no sabe qué es un cuerpo, ni qué es un abrazo; hasta, quizás, tampoco sepa qué es una madre. Pero todo eso le falta. Es como si el universo en que vivía se hubiese hecho infinito en un instante, aunque él no sabe lo que es un instante, ni un universo, ni el infinito. Pero lo siente. Súbitamente se agrega que su sangre perdió contenido de oxígeno y éste ya no llega más como antes. Él tampoco sabe nada de esto, pero algo lo obliga a reaccionar de la manera adecuada: llora, grita. Vacía sus pulmones de algún resto de líquido y los llena de aire. Hace un rato, apenas, que acaba de nacer y ya ha terminado de rendir su primer examen y de aprender su primera lección en su nueva vida: que necesita, que tiene que pedir. Y esto aunque no sabe  nombrar el concepto, ni escribir su nombre, ni puede explicarlo a otros. Ya vendrán nuevas lecciones. Por ahora, en el más profundo y primitivo rincón de su cerebro siente algo que después sabrá cómo llamar, pero que nosotros reconocemos que es la necesidad, y que si expresa su presencia con el llanto esta sensación desaparece y el equilibrio se restablece, todo viene a ser un poco más parecido a lo que perdió. Un poco, nada más. Un poco parecido.

Lo colocan sobre la madre y... ¡ah! ¡Ese latir tan familiar otra vez! Y calor... vuelvo a sentir algo alrededor mío. Aquí está, de nuevo... Pero hay algo distinto...

Ante una nueva sensación desagradable, otra queja y un pecho tierno dejará salir un líquido tibio que saciará la demanda, trayendo nuevamente la calma. Pero sus ojos verán algo que nunca antes habían mirado. La imagen no puede estar en foco y no lo estará hasta cumplido el primer año de vida, pero paulatinamente se irá haciendo cada día más clara. En poco tiempo ensayará torpes caricias a ese pecho que le trae paz, mientras fija sus ojos en los de su madre.

Durante este proceso, él aprende, con dolor, que entre la sensación desagradable de la falta y la respuesta restauradora transcurre una espera. Es su primera lección acerca del tiempo y también esto le dice que él y la madre no son uno. Pero hay mucho que aprender todavía. Algunos nunca lo logran.

En algún momento de su existencia él debería darse cuenta que por un tiempo largo no necesitó pedir nada. Todo lo tenía, no había carencias, como en un nirvana. Después le hizo falta pedir y fue saciado. Por último, comenzaron a pedirle a él y debió saciar a otros.

Uno debería darse cuenta que comenzaron dándonos todo sin tener siquiera que pedirlo. Es una deuda que adquirimos aun antes de ver el mundo de afuera. Recibimos sin que se nos pidiera nada a cambio.
Deberíamos responder dando todo sin esperar respuesta. Solamente como acto de justicia, porque nos dieron. Antes de hacer nada por alguien.

Pero, después, nos enseñaron a pedir, para aprender que todo no era uno mismo y que existen otros que también tienen necesidades, aunque satisfagan ocasionalmente nuestras demandas. Solo después se nos pidió dar a nosotros. ¿Cómo respondimos?

Hay mucho que aprender: que, del cielo para abajo, no hay nadie que ame como puede hacerlo una mujer, especialmente si es madre. Y más: esta maravillosa mezcla de un  proceso biológico y una escuela de vida, ¿se hizo por la casualidad ciega? ¿O es obra de un Ser sabio, justo, inteligente y que, además, es la fuente de vida y es Amor? ¿Quién programó todo para que supieras que no eres todo cuanto hay, sino que hay otros y que tienes necesidades y puedes cubrir las de otros?

Hay mucho que preguntar, mucho que responder, mucho que meditar. Y una sola certeza: Alguien nos amó primero.

 

sábado, 12 de octubre de 2013

Doy gracias de ser apenas un hombre.



Tenía yo veintinueve, treinta años, cuando formé parte del equipo de auditores e inspectores de un importante banco nacional.

Entre los inspectores estaba Mario. Un excelente profesional que tenía lo que podría llamar un vicio, una compulsión o una manía: era un mujeriego incurable. Cuando Mario llegaba a una localidad, los escoceses, por las dudas, usaban pantalones. Tenía el don de absorber cantidades industriales de alcohol sin perder el buen gusto ni el equilibrio. Los muchachos de Auditoría lo habían apodado "el Pájaro Loco". Pocas veces un nombre ha sido tan bien puesto.

Mario era muy simpático, arrojado, seductor. De buenos modales y buen nivel cultural, económicamente desahogado, seguro, joven y apuesto, ganaba siempre.

Una noche, en una de las tantas poblaciones que visitábamos en el interior de nuestro país, asistió a un baile. En una mesa estaba sentada una joven mujer muy bella. Nadie la sacaba a bailar, lo que aquí llamamos "planchar"; planchaba ropa de manera inexplicable. ¿No veían los demás hombres qué linda mujer estaba a la mesa?

Por fin, cansado de hacerse preguntas, decidió ir directamente  "al frente", sin rodeos. Valor le sobraba. Con el piloto automático y todos los giróscopos al ciento por ciento, fue hasta la mesa y la invitó a bailar. La joven dijo "no" de veinte maneras diferentes, pero Mario no era de los que se rendían; de manera que terminó saliendo a la pista con él. Bailaron. Conversaron, rieron.

Cuando la velada estaba por finalizar él le propuso dormir juntos. Ella hizo todo lo que pudo por que eso no llegara a suceder, pero Mario no aceptaba un "no" como respuesta. Si tuviera que describirlo de una manera algo jocosa, pero exacta, diría que Mario era un hombre que violaba a las mujeres con su consentimiento. Terminaron en un  motel con la luz apagada.

Claro, yo no estuve ahí. Me lo contó Mario y le creí todo. No era de los que mentían, ni necesitaba mentir.

Cuando nos relató lo que había pasado hizo gala de su humor negro. Desde ya, nosotros no sabíamos nada. Hubo una vez una mujer hermosa a la que nadie miraba, que terminó bailando con nuestro jefe y se fue con él. Mario contó que todavía el alcohol lo estaba dominando cuando la tuvo desnuda en la cama. Fue entonces cuando quiso acariciarle las piernas y no encontró nada. "¡Baaaahh, igual tuve coito con ella! ¡Con el pedo (1) que tenía!"

Cuando volvió la calma. Ella lloró y le contó que había tenido un accidente y le amputaron ambas piernas. Su novio la dejó y nunca nadie le volvió a prestar atención. Ella le dio las gracias por haberla hecho sentir mujer otra vez. No volvieron a verse.

Mario estaba como un caballo desbocado riendo y expresando cosas con un humor negro que nos daba vergüenza ajena:
- "Yo decía: ¡qué bien baila esta mina! (2) ¡Claro, con las ortopédicas, yo la sostenía de la cintura y ella iba en el aire!"
- "¡No podés ser tan hijo de p..., Pájaro!"

Cuando daban ganas de matarlo, el Pájaro aflojó, tocó el freno, bajó un cambio y dijo, más calmo:
- "Sin quererlo, le hice un favor..."
Nadie pudo decir nada. El que calla otorga.

Nuestro jefe y compañero era casado. Cometió adulterio con esa mujer. Ella fornicó y fue partícipe de adulterio.

Si usted hubiera sido Dios, ¿cuál hubiera sido su juicio con ella? ¿La hubiera condenado? ¿Y él, qué juicio merecía?

¿Sabe una cosa? Apenas soy un hombre y no juzgo a nadie. ¡Gracias a Dios! Le doy gracias a Dios por no ser dios, ni juez de nadie. No sabría qué hacer.



(1) Pedo: en el Río de La Plata, borrachera.
(2) Mina: una mujer. Cuentan que en tiempos pasados, cuando había esclavos, traían personas de una tribu africana que se llamaba "Mina". Las mujeres tenían cuerpos esculturales. Los "señores" decían: "Mira la mina que tengo", pavoneándose con su nueva propiedad. En un principio el término se extendió a mujeres libres y blancas, pero que no eran ni la madre, ni la hermana, ni la esposa; tampoco una monja. Hoy, en el lunfardo local, casi todas las mujeres son "minas".

jueves, 26 de septiembre de 2013

Profundo



El que comete un mal y tiene temor de que se sepa, posee todavía una semilla de bueno dentro de su maldad; pero el que hace un bien y está ansioso de que se enteren, tiene todavía una raíz de mal en su bondad.
                                                           Proverbio chino.


Muy al norte de la tierra de Svithjod, yérguese una roca que mide cerca de ciento sesenta y seis kilómetros de altura por otros tantos de espesor. Cada milenio acude a ella un pajarillo que afina el pico en la piedra. Cuando, desgastada por este roce desaparezca, habrá transcurrido un día de eternidad.

                                                         Visión hindú.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El tiempo no pasa frente a este texto.


Leí el texto que sigue cuando tenía diecisiete años, el mismo año de la muerte de su autor. Cuarenta y cinco años después, todavía me produce la misma sensación al llegar a su final. 

Encontrar otro mundo no es únicamente un hecho imaginario. Puede ocurrirle a los hombres. Y también a los animales. A veces las fronteras se deslizan o se confunden: basta con estar allí en aquel  momento. Yo presencié cómo le ocurría esto a un cuervo. Este cuervo es vecino mío. Jamás le he hecho el menor daño, pero tiene buen cuidado en mantenerse en la copa de los árboles, volar alto y evitar la Humanidad. Su mundo empieza donde se detiene mi débil vista. Ahora bien, una mañana, nuestros campos se hallaban sumidos en una niebla extraordinariamente espesa, y yo caminaba a tientas hacia la estación. Bruscamente, aparecieron a la altura de mis ojos dos alas negras y enormes, precedidas de un pico gigantesco, y todo se alejó como una exhalación y con un grito de terror como espero no volver a oír otro en mi vida. Este grito me obsesionó toda la tarde. Llegué hasta el punto de mirarme al espejo, preguntándome qué habría en mí de espantoso...



Por fin comprendí. La frontera entre nuestros dos mundos se había borrado a causa de la niebla. El cuervo, que se imaginaba volando a su altura acostumbrada, vio de pronto un espectáculo sobrecogedor, contrario para él a las leyes de la Naturaleza. Había visto a un hombre que andaba por los aires, en el corazón mismo del mundo de los cuervos. Había presenciado una manifestación de la rareza más absoluta que puede concebir un cuervo: un hombre volador...



Ahora, cuando me ve desde arriba, lanza unos pequeños gritos, y yo descubro en ellos la incertidumbre de un espíritu cuyo universo se ha desquiciado. Ya no es, ya no volverá a ser jamás como los demás cuervos...


                                                                     Loren Eiseley (03-09-1907, 09-07-1977), antropólogo estadounidense.

Verdades populares leídas por ahí.


La infancia es como una gran borrachera: todo el mundo recuerda lo que hiciste, menos tú.

Cuando te casas, la novela termina y la historia empieza. (Proverbio francés)

jueves, 15 de agosto de 2013

Una letra de tango hecha a mi medida.

Sin piel
Tango
Música: Eladia Blázquez
Letra: Eladia Blázquez.
¡Ya sé! Llegó la hora de archivar el corazón...
De hacer con la ilusión, que no me va a servir
un lindo paquetito con una cinta azul,
guardarlo en el baúl y no volverlo a abrir...
Es hora de matar los sueños,
es hora de inventar coraje
para iniciar un largo viaje
por un gris paisaje...
¡sin amor!

Voy a aprender a llorar sin sufrir,
sin detenerme a mirar una flor,
a encallecer lentamente
¡igual que la gente sin alma y sin voz!
Voy a entender que se puede morir,
y latir... al compás del reloj;
como una máquina fiel
igual que un robot...
¡sin piel!


Después de haber sentido hasta el dolor.. a los demás,
de darme sin medir, de amar sin calcular,
llegó la indiferencia metiéndose en mi piel
pacientemente cruel, ¡matando mi verdad!
Saber que no me importa nada...
de alguna vibración pasada;
y caminar narcotizado
por un mundo helado...
¡sin amor!



miércoles, 14 de agosto de 2013

Nadie es perfecto


Una mujer: - Si encontraras un hombre guapo, rico, sensible, simpático, que le gustasen los niños y supiera cocinar, ¿qué harías con él?

Otra mujer: - Un documental.

Yo no soy rico. Nadie es perfecto.