No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
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martes, 9 de agosto de 2016

Si acaso doblares la vara de la justicia... (Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote)


"Las reglas están para ser obedecidas". Es cierto, las reglas deben ser obedecidas. Jehová quiere obediencia, pero no obediencia ciega. Si aplicáramos las reglas siempre, estrictamente, nos pareceríamos más a máquinas que a personas.

La rebelión que inició Satanás, seguida por los dos seres humanos y, más tarde, por otros ángeles, ocurrió en el día de descanso de Dios, que todavía dura.

De haber aplicado Dios su ley del descanso a rajatabla, ninguna carne se salvaría; pues no hubiese trabajado para producir la descendencia del rescate.

Por eso Jesús, ante los fariseos, preguntó: "¿Es  lícito rescatar una oveja en día sábado?" Ellos contaban los pasos que se podían caminar un sábado sin violar la ley, sin comprender que Dios había trabajado en su día de descanso por algo que realmente le importaba más: ellos mismos, como parte del género humano.

Dios es amor y su misericordia es, nada más y nada menos, que la Justicia de Dios moderada por Su Amor.

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