No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
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martes, 19 de abril de 2016

Arthur Machen - Una visión particular del bien y el mal


Arthur Machen - 'The White People'
Prólogo
Ambrosio dijo: Brujería y santidad, he aquí las únicas realidades, Y prosiguió: la magia tiene su justificación en sus criaturas; comen mendrugos de pan y beben agua con una alegría mucho mas intensa que la del epicúreo. 
¿Os referís a los santos?
Si, y también a los pecadores, creo que vos caéis en el error frecuente de los que limitan el mundo espiritual a las regiones del bien supremo. Los seres extremadamente perversos forman parte también del mundo espiritual. El hombre vulgar, carnal y sensual no será jamás un gran santo. Ni un gran pecador. En nuestra mayoría somos simplemente criaturas de barro cotidiano, sin comprender el significado profundo de las cosas, y por esto el bien y el mal son en nosotros idénticos: de ocasión sin importancia.
¿Pensáis, pues que el gran pecador es un asceta lo mismo que el gran santo?
Los grandes, tanto en el bien como en el mal, son los que abandonan las copias imperfectas y se dirigen a los originales perfectos. Para mi no existe la menor duda, los mas excelsos entre los santos jamás hicieron 'una buena acción', en el sentido común de la palabra. Por el contario existen hombres que han descendido hasta el fondo de los abismos del mal, y que en toda su vida, no han cometido lo que vosotros llamáis una 'mala acción'.
Se ausentó un momento de la estancia, Cotgrave se volvió a su amigo y le dio las gracias por haberle presentado a Ambrosio.   Es formidable, dijo. Jamás había visto a un chalado de esta clase.
Ambrosio volvió con una nueva provisión de whisky y sirvió a los dos hombres con largueza. Criticó con ferocidad la secta de los abstemios, pero se sirvió un vaso de agua. Iba a reanudar su monólogo cuando Cotgrave le atajó.
Vuestras paradojas son monstruosas. ¿Puede un hombre ser un gran pecador sin haber hecho nunca nada culpable? ¡Vamos hombre!
Os equivocáis completamente, dijo Ambrosio, pues soy incapaz de paradojas: ¡ojala pudiera hacerlas! He dicho simplemente que un hombre puede ser un gran conocedor de vinos de Borgoña sin haber entrado jamás en una taberna. Esto es todo, y ¿no os parece más una perogrullada que una paradoja?
Vuestra reacción revela que no tenéis la menor idea de lo que puede ser el pecado.¡Oh! naturalmente existe una relación entre el Pecado con mayúscula y los actos considerados como culpables: asesinato, robo, adulterio, etc. Exactamente la misma relación que existe entre el alfabeto y la poesía genial.
 Vuestro error es casi universal: os habéis acostumbrado como todo el mundo a mirar las cosas a través de unas gafas sociales. Todos pensamos que el hombre que nos hace daño a nosotros o a nuestros vecinos es un hombre malo. Y lo es desde el punto de vista social. ¿Pero no podéis comprender que el Mal, en su esencia, es una cosa solitaria, una pasión del alma? El asesino corriente, como tal asesino, no es en modo alguno un pecador en el verdadero sentido de la palabra. Es sencillamente una bestia peligrosa, de la que debemos librarnos para salvar nuestra piel. Yo lo clasificaría mejor entre las fieras que entre los pecadores.
 Todo esto me parece un poco extraño
Pues no lo es, el asesino no mata por razones positivas, sino negativas, le falta algo que poseen los no-asesinos. El Mal por el contrario es totalmente positivo. Pero positivo en el sentido malo. Y es muy raro. Sin duda hay menos pecadores verdaderos que santos. En cuanto a los que llamáis criminales, son seres molestos, desde luego, y de los que la sociedad hace bien en guardarse; pero entre sus actos antisociales y el Mal existe un abismo. ¡Creedme!
Se hacía tarde. El amigo que había llevado a Cotgrave a casa de Ambrosio había oído sin duda esto otras veces. Escuchaba con sonrisa cansada y un poco burlona, pero Cotgrave empezaba a pensar que su 'alienado' era tal vez un sabio.
¿Sabéis que me interesáis enormemente? , dijo. ¿Opináis pues que no comprendemos la verdadera naturaleza del Mal?
Lo sobreestimamos. O bien lo menospreciamos. Por una parte, llamamos pecado a las infracciones de los reglamentos de la sociedad, de los tabúes sociales. Es una exageración absurda. Por otra parte atribuimos una importancia tan enorme al 'pecado' que consiste en meter mano a nuestros bienes o a nuestras mujeres que hemos perdido absolutamente de vista lo que hay de horrible en los verdaderos pecados.
 Entonces ¿qué es el pecado?, dijo Cotgrave.
Me veo obligado a responder a su pregunta con otras preguntas. ¿Que experimentaría si su gato o su perro empezaran a hablarle con voz humana? ¿Y si las rosas de su jardín se pusieran a cantar? ¿Y si las piedras del camino aumentaran de volumen ante sus ojos? Pues bien, estos ejemplos pueden darle una vaga idea de lo que realmente es el pecado.
Escuchen, dijo el tercer hombre, que hasta entonces había permanecido muy tranquilo, me parece que los dos están locos de remate. Me marcho a mi casa. He perdido el tranvía y tendré que ir a pie, Ambrosio y Cotgrave se arrellanaron aun más en sus sillones después de su partida. La luz de los faroles palidecía en la bruma de la madrugada, que helaba los cristales.
Me asombra usted, dijo Cotgrave. Jamás había pensado en todo esto. Si realmente es así hay que volverlo todo al revés. Entonces según usted la esencia del pecado sería...
Querer tomar el cielo por asalto, respondió Ambrosio. El pecado consiste en mi opinión, en la voluntad de penetrar de manera prohibida en otra esfera más alta. Esto explica que sea tan raro. En realidad pocos hombres desean penetrar en otras esferas, sean altas o bajas, y de manera autorizada o prohibida. Hay pocos santos. Y los pecadores, tal como yo los entiendo, son todavía más raros. Y los hombres de genio (que a veces participan de aquellos dos) también escasean mucho... Pero puede ser más difícil convertirse en un gran pecador que en un gran santo.
¿Porque el pecado no es esencialmente naturaleza?
Exacto. La santidad exige un esfuerzo igualmente grande, o poco menos, pero es un esfuerzo que se realiza por caminos que eran antaño naturales. Se trata de volver a encontrar el éxtasis que conoció el hombre antes de la caída. En cambio el pecado es una tentativa de obtener un éxtasis y un saber que no existen y que jamás han sido dados al hombre y el que lo intenta se convierte en demonio.
Ya le he dicho que el simple asesino no es necesariamente un pecador. Esto es cierto, pero el pecador es a veces asesino. Pienso en Gilles de Rais, por ejemplo. Considere que, si el bien y el mal están igualmente fuera del alcance del hombre contemporáneo, del hombre corriente, social y civilizado, el mal lo esta en un sentido mucho mas profundo.
El santo se esfuerza en recobrar un don que ha perdido; el pecador persigue algo que no ha poseído jamás. En resumidas cuentas reproduce la Caída.
¿Es usted católico?, preguntó Cotgrave.
Sí, soy miembro de la Iglesia anglicana perseguida.
Entonces ¿que me dice de esos textos en que se denomina pecado lo que usted califica de falta sin importancia?
Advierta, por favor, que en estos textos de mi religión aparece reiteradamente el nombre de 'mago' que me parece la palabra clave. Las faltas menores que se denominan pecados, solo se llaman así en la medida que el mago perseguido por mi religión esta detrás del autor de esos pequeños delitos. Pues los magos se sirven de las flaquezas humanas resultantes de la vida material y social como instrumentos para alcanzar su fin infinitamente execrable.   Y permita que le diga esto: nuestro sentidos superiores están tan embotados, estamos hasta tal punto saturados de materialismo, que seguramente no reconoceríamos el verdadero mal si nos tropezáramos con el.
Pero ¿es que no sentiríamos a despecho de todo un cierto horror, este horror, de que me hablaba hace un momento al invitarme a imaginar unas rosas que rompiesen a cantar?
Si fuésemos seres naturales, sí. Los niños, algunas mujeres y los animales sienten ese horror. Pero en la mayoría de nosotros, los convencionalismos, la civilización y la educación han embotado y oscurecido la naturaleza. A veces podemos reconocer el mal por el odio que manifiesta al bien, y nada más, pero esto es puramente fortuito. En realidad, los Jerarcas del Infierno pasan inadvertidos a nuestro lado.
¿Piensa que ellos mismos ignoran el mal que encarnan?
Así lo creo. El verdadero mal en el hombre es como la santidad y el genio. Es un éxtasis del alma, algo que rebasa los límites naturales del espíritu, que escapa a la conciencia. Un hombre puede ser infinitamente y horriblemente malo, sin sospecharlo siquiera. Pero repito: el mal, en el sentido verdadero de la palabra, es muy raro. Creo que incluso cada vez lo es más.
Procuro seguirle, dijo Cotgrave. ¿Cree usted que el Mal verdadero tiene una esencia completamente distinta de lo que solemos llamar el mal?
Absolutamente. Un pobre tipo excitado por el alcohol vuelve a su casa y mata a patadas a su mujer y a sus hijos. Es un asesino. Gilles de Rais es también un asesino. Pero ¿advierte usted el abismo que los separa? La palabra es accidentalmente la misma en ambos casos, pero el sentido es totalmente distinto.
Gilles de Laval, Baron de Rais   (1404-1440) - (Barba Azul).   Acaudalado noble y militar, defensor de Francia junto a Juana de Arco y ferviente admirador de ésta, cuya trágica muerte en la hoguera perturbará su personalidad definitivamente iniciando una increíble carrera de crímenes y sacrilegios que lo conducirán a las más crueles prácticas de sadismo bajo la influencia del mal, del cual parecerá librarse solamente poco antes de ser ejecutado en la hoguera.

Cierto que el mismo débil parecido existe entre todos los pecados sociales y los verdaderos pecados espirituales, pero son como la sombra y la realidad. Si usted es un poco teólogo tiene que comprenderme.
Le confieso que no he dedicado mucho tiempo a la teología, observó Cotgrave. Lo lamento; pero volviendo a nuestro tema ¿cree usted que el pecado es una cosa oculta, secreta?
Si. Es el milagro infernal, como la santidad es el milagro sobrenatural. El verdadero se eleva a un grado tal que no podemos sospechar en absoluto su existencia. Es como la nota más baja del órgano, tan profunda que nadie la oye. A veces hay fallos, recaídas, que conducen al asilo de locos o a desenlaces todavía más horribles.
 Pero en ningún caso debe confundirlo con la mala acción social. Acuérdese del Apóstol: hablaba del otro lado y hacia una distinción entre las acciones caritativas y la caridad. De la misma manera que uno puede darlo todo a los pobres y, a pesar de ello, carecer de caridad, puede evitar todos los pecados y, sin embargo ser una criatura del mal.
¡He aquí una psicología singular!, dijo Cotgrave. Pero confieso que me gusta. Supongo que según usted, el verdadero pecador podía pasar muy bien por un personaje inofensivo, ¿no es así?
Ciertamente. El verdadero mal no tiene nada que ver con la sociedad. Y tampoco el Bien, desde luego. ¿Cree usted que se sentiría a gusto en compañía de san Pablo? 
¿Cree usted que se entendería bien con sir Galahad? Lo mismo puede decirse de los pecadores. Si usted encontrase a un verdadero pecador y reconociese el pecado que hay en él sin duda se sentiría horrorizado. Pero tal vez no existiría ninguna razón para que aquel hombre le disgustara. Por el contrario es muy posible que si lograba olvidar su pecado, encontrase agradable su trato.
¡Y sin embargo! ¡No! ¡Nadie puede adivinar cuan terrible es el verdadero mal..! ¡Si las rosas y los lirios del jardín se pusieran a cantar esta madrugada, si los muebles de esta casa empezaran a desfilar en procesión como en el cuento de Maupassant...!
Celebro que vuelva a esta comparación, dijo Cotgarve, pues quería preguntarle a que corresponden, en la humanidad estas proezas imaginarias de las cosas que usted cita. 
Repito: ¿que es pues el pecado? Quisiera que me diese un ejemplo concreto.
Por primera vez Ambrosio vaciló:
Ya le he dicho que el verdadero mal es muy raro. El materialismo de nuestra época que tanto ha hecho para suprimir la santidad, tal vez ha hecho más aun para suprimir el mal. Encontramos la tierra tan cómoda, que no sentimos deseos de subir ni de bajar. Todo ocurre como si un especialista del Infierno realizase trabajos puramente arqueológicos.
Sin embargo tengo entendido que sus investigaciones se han extendido hasta la época actual.
Veo que usted está realmente interesado. Pues bien, le confieso que he reunido, en efecto, algunos documentos...

(Prólogo de "The White People (1899) incluido en la siguiente fuente bibliográfica). 
Libro: The house of souls, Knopf, New York (1906, 1922 ed.)  


Para el lector no advertido, hay que hacer una aclaración importante: aunque Ambrosio admite ser católico, no lo es en absoluto. En cuanto a los que creen que hay un Dios, hay dos categorías de creyentes: los que creen en un Dios Padre, Creador, y los que creen en un Dios no persona, ni padre, ni creador. Éstos últimos consideran a Dios como una fuerza que ordena la naturaleza, pero que no creó y hasta es incapaz de crear.

Los que creen en un Dios Creador y Padre, consecuentemente deberían creer que es un Ser que decide –y tiene derecho a decidir- sobre lo que está mal o bien y es alguien a quien se debe rendir cuentas. Un creyente genuino de esta clase, que ama al Creador, considera que, si bien Dios le otorgó libre albedrío, debe responder al Creador por sus actos. El llamado “temor de Dios” no es un temor morboso, sino el miedo a ofender o contrariar a alguien muy amado. Para estas personas no es potable considerar los “pecados sociales” como insignificantes.

Ambrosio es un personaje imaginario; pero el autor de la obra perteneció a una sociedad secreta iniciática denominada “Golden Dawn” (Alborada o Aurora Dorada). Para estos neo-paganos, los que creen en Dios lo ven como a una Fuerza que ordena la naturaleza, pero esa condición de no persona de la Divinidad los exime de rendir cuentas y le resta importancia a los “pecados de la carne”. Lo que exigiría esa “Fuerza” es que no interfirieran con ella, es una relación de coexistencia más que de compromiso. Es en esta postura en donde radica la diferencia.

Lo que Ambrosio llama “el verdadero mal” es lo que cambia -o intenta cambiar- el Orden natural impuesto por la Fuerza ordenatriz que acciona sobre la naturaleza.

Una postura conciliadora entre ambas corrientes sería hacer una distinción entre pecados sociales, o carnales, y pecados “espirituales” (de hecho, el texto lo hace) que, como consigna Ambrosio, no necesariamente requieren de lo que llamamos “malas acciones”: «Cierto que el mismo débil parecido existe entre todos los pecados sociales y los verdaderos pecados espirituales, pero son como la sombra y la realidad. Si usted es un poco teólogo tiene que comprenderme.»
  «De la misma manera que uno puede darlo todo a los pobres y, a pesar de ello, carecer de caridad, puede evitar todos los pecados y, sin embargo ser una criatura del mal.»

Hay que considerar, también, que entre estos iniciados se considera la fe como destinada al vulgo, los sabios hacen uso de “nuestras sabias mentiras”, entre las que se encuentran (para ellos) las religiones, las mitologías, las cosmogonías. Sin embargo, suele dejarse las creencias individuales a la conciencia de cada uno, aunque esto no es lo que se enseña.
Edward George Earle Bulwer-Lytton, primer barón Lytton (Londres, 25 de mayo de 1803 – Torquay, 18 de enero de 1873), también fue miembro de la sociedad Golden Dawn, de la Rosacruz y de la Masonería. Veamos lo que dice su novela “Los Últimos Días de Pompeya”, como consta en la traducción española publicada por Editorial Sopena en 1952, páginas 24 y 25:

“Por eso lo coloqué entre vosotros, y ahora es sacerdote.”

“-Así es, en efecto –dijo Caleno- . Pero al estimular su fe le has quitado el juicio. Se horroriza al saber que lo hemos engañado. Nuestras sabias mentiras, las estatuas que hablan y las escaleras secretas le espantan e irritan; se queda en su celda y se consume lentamente; no asiste a nuestras ceremonias y no habla más que consigo mismo. Se dice que trata con personas sospechosas de pertenecer a esa nueva secta atea [los primeros cristianos] que niega todos nuestros dioses y que considera a nuestros oráculos como la inspiración del espíritu maléfico de que hablan las tradiciones orientales. ¡Nuestros oráculos! ¡Vaya! Si sabremos nosotros dónde se encuentra la inspiración de nuestros oráculos.”

“- Ya me temía yo eso –dijo Arbaces preocupado -. Me di cuenta de lo que le sucedía por varios reproches que me hizo la última vez que lo vi. He notado que últimamente trata de huir de mí, pero debo encontrarlo y continuar mis lecciones. Quiero revelarle el santuario de la sabiduría, que hay dos grados de santidad: el primero, la fe; el segundo, el fraude; uno para el vulgo, el otro para los sabios.”

“- Por el primero no he pasado yo –dijo Caleno- y creo que tú, Arbaces, tampoco.”

“Te equivocas –replicó el egipcio -. Yo creo, no en lo que enseño, pero sí en lo que no enseño. Existe en la Naturaleza una santidad de la cual no podría ni me atrevería a dudar.”...


Resumiendo: Un Dios Creador y Padre no es compatible o coherente con un Dios Fuerza, no creador ni padre. Pero la distinción entre las dos clases de pecados no es incompatible. Sí hay una diferencia en la actitud moral del que cree en un tipo u otro de Dios. Para Machen, un neo-pagano iniciado en la Golden Dawn, los pecados “sociales” no son tan relevantes moralmente porque su dios no es alguien a quien se deba rendir cuentas. Esos actos, para él, son molestos o hasta peligrosos, en tanto perjudican a los demás y pueden destruir un orden social, pero no tienen la relevancia que le confieren aquellos que creen en un Dios Creador.


  

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