No se vende, pero fue comprado

El contenido de este blog no puede ni debe ser vendido, pero ha sido comprado.
El tiempo que uno dedica a las cosas o a las personas es lo que las vuelve valiosas. Cuando doy mi tiempo a algo estoy cediendo mi vida, la vida que transcurre en ese tiempo. El receptor termina teniendo algo mío. Esta es la clave para cumplir con el mandato de Levítico 19: 18: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero Jesús nos dio un nuevo mandamiento: Amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. (Juan 15: 12-13) Salvo para defender la integridad de algún integrante de la familia o de alguien muy amado, nuestro sacrificio no es beneficioso en la forma en que resulta el de Cristo. Perder la vida cruentamente en beneficio de otro no redime porque somos pecadores. Pero sí es posible dedicarle tanta atención a alguien que podamos afirmar que hemos dejado la vida en él o por él. No de manera cruenta o sacrificial, sino en cuanto a entrega y dedicación. Así como le dedicamos nuestra vida a Jehová, también es bueno darla por otro invirtiendo nuestro tiempo en él.
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domingo, 14 de diciembre de 2014

Una balanza de dos platos

Este artículo desarrolla como estudio lo mencionado en "El Fiel de la Balanza", con todos los textos bíblicos y más ampliamente.




UNA BALANZA DE DOS PLATOS

La hermandad, la amistad, el amor y el pecado.
El mecanismo de acción.




Los griegos distinguían cinco tipos diferentes de amor: el amor hospitalario, o xenia, que se daba a los peregrinos y a los nómades; el amor por los hijos o storge; el amor sexual o erótico;  el amor filial, por los amigos, y el amor por principios, el agape, el más sublime de todos. Cada uno tenía una palabra diferente que lo identificaba.

Pero el amor es uno solo. La distinción que hicieron los griegos es en cuanto al entendimiento que hace quien escucha una expresión nuestra acerca de un amor particular. Por ejemplo: yo tengo dos hijos varones. Mi esposa y yo perdimos un tercer hijo que no sabemos qué sexo tenía. Fue muy temprano y salió en pedacitos. De haber nacido, hoy tendría unos treinta y cinco años y, si hubiera sido mujer, se llamaría, casi seguramente, Vanina. En español, podría decirle a alguien que no supiera mucho de mí: “Amo a Vanina”. Ese alguien podría preguntarme: “¿Quién es Vanina?” o “¿De qué manera amas a Vanina?”. Y yo le respondería: “Vanina es mi hija”. Entonces, quien me esté escuchando sabrá inmediatamente qué clase de sentimiento y relación tengo con ella, suponiendo que soy un hombre sano; porque si sintiera alguna atracción erótica hacia mi hija no sería un hombre mentalmente sano. Si hablara de una amiga y dijera: “Amo a Fulana”, ante la misma pregunta podría responder: “Fulana es una hermana por elección, como si nos hubiera parido una misma mujer” o: “Somos amigos entrañables”.  En el caso de los griegos, éstos usaban palabras diferentes para cada caso en particular; de manera que se ahorraban muchas preguntas. Pero el amor es uno solo. Y como busca siempre el bien ajeno, aunque es uno, la manera en que se expresa y lo que es bueno hacer o dejar de hacer depende de quién sea el objeto de nuestro amor y de las circunstancias.

Según 1ª de Juan 4:8 y 4: 16, Dios es la personificación del amor y es también  “un solo Jehová”; es único, una sola persona (Deuteronomio 6: 4). Es un Dios de amor, justicia, orden y rectitud. Él es siempre el mismo y trata a todos de la misma manera. En Él no existe la variación del giro de la sombra, como dicen las Escrituras (Santiago 1: 17). Desde el momento que hay un solo Dios y es la personificación del amor, es forzoso que haya un único amor, pero que puede manifestarse o actuar de diferentes maneras.


Jehová es un espíritu y no tiene sexo, no puede sentir un amor erótico,  pero tiene hijos; desgraciada e inmerecidamente, tiene enemigos; tiene amigos a los que ama con profundos sentimientos y a otros los ama por principios, no sentimentalmente. Tampoco hay peregrinos para Dios. De todas formas, hace salir su Sol sobre justos y pecadores, les permite vivir y hace que haya alimento para todos. ¿No enseñó Jesús que amáramos a los que nos persiguen para que fuéramos perfectos como el Padre? (Mateo 5: 43-45) Además, fue Él el que, cuando nos creó, nos hizo a su imagen y semejanza y puso en nosotros la capacidad de amar y la necesidad de recibir amor. Nuestro amor es reflejo del Amor de Dios.

Muchos piensan y enuncian que la imperfección hace que pequemos y nos esclaviza al pecado. Pero esto no es del todo cierto. Nacer imperfectos facilita el que sigamos pecando; pero la imperfección no es la que causa el pecado, la causa es otra.


Adán, antes de pecar, era un hombre perfecto. ¿Cuándo comenzó a ser imperfecto? Una vez que hubo pecado, cuando concretó su pecado. Una vez más: antes de concretar la acción pecaminosa que lo sumergió en la imperfección y en la degradación, era perfecto. La imperfección no pudo ser la causa de su pecado; fue una consecuencia de su mal proceder.

Entonces, ¿qué originó su pecado fatal para él y para nosotros? La falta de amor. No amó a Dios como era necesario que lo hiciera y esa falta de amor hizo que no lo tomara en cuenta, que actuara por las suyas. Satanás también era un querubín ungido creado por Dios, perfecto, completo. Pecó por falta de amor, no por imperfección. Lo mismo para la tercera parte de las estrellas del cielo que lo siguieron después en su rebelión.

No es necesario que esperemos a alcanzar la perfección para no pecar contra el prójimo; bastaría con que lo amáramos. Si bien la imperfección nos juega en contra y hace eso más difícil, no es acumulando reglas y restricciones como vamos a lograr evitar el pecado; tampoco aislándonos o escondiendo la cabeza bajo tierra como el avestruz. No desarrollar el amor, poner límites y distancias, como un mecanismo de defensa ante nuestra imperfección y con el fin de evitar conductas indebidas, solo hace que se retrase el mal. (El que se aísla busca su propio deseo egoísta, o termina buscándolo – Proverbios 18:1. La soledad no conduce a nada bueno. – Génesis 2: 18) Únicamente amando con todo el corazón (1ª de Pedro 1: 22) al otro es como podemos disminuir o eliminar los dos pilares sobre los que se afirma el pecado: egoísmo y orgullo, los motores de las conductas inicuas.

Ley y Nuevo Pacto. Cómo deberían funcionar.


En principio, voy a tratar de explicar ciertos mecanismos acerca de cómo pueden funcionar la Ley y el Nuevo Pacto. Veamos primero los mecanismos y luego consideraremos cómo aplican en cada caso. Esto no está escrito explícitamente en la Biblia,  pero será de fácil aceptación.

La palabra inicuo está formada por dos raíces latinas: la primera, es una partícula negativa; la segunda, tiene por raíz a la palabra latina “equus”, que significa igual. Literalmente, significa “no igual”, “desparejo”. Suele aplicarse a los terrenos escabrosos, difíciles de transitar; lo contrario al llano. También al trato no igualitario, injusto.

Hay otro principio, no conocido popularmente, que recibe el nombre de “principio de Curie”. El principio dice que para que se produzca cualquier fenómeno debe existir una asimetría previa. En un medio completamente homogéneo e isótropo no puede ocurrir nada. Es la asimetría la que hace posible el fenómeno. Aquí hay una palabra “rara”: isótropo. Significa “que se comporta la misma manera” en todas sus partes, hacia todas partes, en todas las direcciones. Que se comporta o es de la misma manera sin direcciones privilegiadas. Un ejemplo de asimetría: agua hirviendo y agua fría. Si se las pone en contacto, la más caliente se enfriará, calentando a la más fría. El fenómeno ocurre hasta que las dos masas de agua llegan a la misma temperatura y se detiene allí, porque la simetría no permite que una se caliente enfriando a la otra, si ambas tienen la misma temperatura.

Ahora, pensemos en una balanza de dos platos. Si los dos platos están vacíos, la balanza está en equilibrio y el fiel marca el cero. Ambos platos están en un mismo nivel, a la misma altura respecto de la base de la balanza. Supongamos que ahora tenemos dos frascos de vidrio iguales y llenos con la misma cantidad de agua. Ambos tienen, a la misma altura, un tubito de salida y una válvula que abre o cierra el paso de agua. La salida de cada frasco está acoplada a uno de los extremos de una manguera de látex y las válvulas cerradas. Aunque las válvulas están cerradas, previamente se llenó la manguera de agua. La balanza tiene un mecanismo de arresto, que permite fijar los platos para poner y sacar cosas sin que la balanza oscile. Ponemos un frasco en cada plato y repartimos la manguera uniformemente entre los dos platos. Luego abrimos las llaves de paso y dejamos a esos frascos comunicados por la manguera. El frasco de la izquierda se llama “yo” y el otro “prójimo”. Liberamos la balanza, ¿puede el lector anticipar  qué pasará?

Si hicimos todo cuidadosamente, no pasará nada. Los dos frascos pesan lo mismo y tienen la misma cantidad de agua. La balanza quedará en equilibrio y no habrá flujo de agua de un frasco al otro, porque los niveles son iguales. ¿Y si agregamos dos pesas iguales, una en cada plato? Sucederá lo mismo: la balanza quedará inmóvil y en equilibrio; no habrá pase de agua en ningún sentido.

Ahora agregamos otra pesa de un kilogramo al plato en el que está el frasco “yo”. ¿Qué pasa?

El plato en el que está el frasco “yo” baja y el otro, en el que está “prójimo”, sube. Como las válvulas están abiertas, pasa agua de “prójimo” a “yo”. El frasco “yo” se llena más, hasta podría vaciar el otro.

Ahora bien, ¿qué significa todo esto? El agua que está en cada frasco es algo que tenemos dentro de nosotros, lo que sea. El peso de las pesas simboliza la importancia que nos damos a nosotros mismos y al otro; o bien, el amor que tenemos por nosotros mismos y por el otro, mientras que el peso de los frascos significa el valor que tenemos cada uno de nosotros para Dios. Dios nos hizo iguales, no en personalidades, sino en dignidades, los frascos son iguales, y nos llenó en forma equitativa. Inicialmente, la balanza estaba equilibrada. Para Dios todos somos igualmente valiosos.

¿Cómo sigue la interpretación? Cuando pusimos la pesa en el plato “yo”, significó que había más amor propio que por el prójimo; entonces,  la balanza fue desequilibrada, el plato “yo” bajó y el “prójimo” subió. A “prójimo” le sacaron el jugo, lo que había en él fue hacia otro y no porque se lo diera; la situación fue forzada para que “prójimo” se vaciara en “yo” y quedara seco o pobre de contenido. A “prójimo” le fue robado lo que había en él, fue usado. “Yo” tuvo un amor inicuo, injusto, desparejo, no igualitario, desequilibrado hacia el semejante, egoísta. No le importó y le hizo daño; lo vació, pudo pecar contra él; ser injusto (o inicuo, no equitativo) con prójimo.


¿Qué sucedía cuando no había una pesa extra? Nada pasaba. Simbólicamente “yo” no le hacía daño a “prójimo” y viceversa. Esta es la Ley. La Ley tenía un primer mandamiento ineludible, excluyente, que era amar a Dios. Después había un mandamiento con promesa: “Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien”. Los demás mandamientos son precedidos o encabezados  por la palabra “no”: “No matarás, no codiciarás, no darás falso testimonio, no fornicarás”. La Ley es pasiva; refleja el “no hagas a otros lo que NO te gusta que te hagan a ti”. Es como se dijo: No pasa nada, no le hace daño al otro. ¿Y todo cómo, de qué manera? Amando a Dios con toda tu alma y al prójimo como a ti mismo. Es un plan de mínima: si ama al otro como a sí mismo, no le hará ningún daño. Si ama a Dios amará su ley y la cumplirá en tanto ame al prójimo tanto como a sí mismo.

¿Qué es o qué significa si ponemos la pesa en el plato “prójimo”? Quiere decir que “yo” ama a “prójimo” más que a sí mismo. Entonces, la balanza baja del lado “prójimo” y de “yo” sale lo que tiene para  el semejante. Y no es porque el prójimo se lo saque. Así como no podía evitar que le extrajera el jugo, ahora tampoco puede parar el flujo de líquido -de buenas acciones- hacia él. Los dos fueron actos voluntarios de “yo”; uno para perjudicar al prójimo y el otro para hacerle el bien. Si  ama al prójimo más que a sí mismo no puede pecar contra él y, no solo eso, quiere hacer algo por él.
¡Es el nuevo mandamiento de Jesús! (Juan 13: 34-35; Juan 15: 12-13) Es la Ley positiva de hacer al otro lo que nos gusta que nos hagan. (Mateo 7: 12)


Uno en el otro.

Los gatos domésticos, suelen frotarse contra otro. Es una manera de marcarlo con su olor; una manera de hacerlo suyo. Pero también recibe sobre sí el olor del otro, de forma que ambos comparten olores y se sienten próximos. Esto recuerda a la costumbre del “hermano de sangre” de cierta tribu de nativos norteamericanos. Alguna película vieja de Hollywood tiene una escena al respecto: un indio cortaba ligeramente su pulgar y el del otro, o sus muñecas, las juntaban y uno decía: “Ahora ser hermanos de sangre”. Sellaban, así, un vínculo muy estrecho.

Nosotros no solamente sentimos el amor, sino que podemos ser conscientes y hablar del tema, escribir una poesía o una prosa, dar una conferencia, recordar sin un estímulo externo. También mezclamos algo más que olores; compartimos intangibles, cosas invisibles, inodoras. Dar nuestro tiempo y atención a otro es dejar en él una parte de nuestra vida. El tiempo que le dedicamos no vuelve más; lo invertimos en él y excluye cualquier otra experiencia. Mientras una persona se dedica a alguien no puede hacerlo con otra persona, ni tampoco consigo mismo. En espíritu, dejamos sobre el otro nuestro amor y la vida que lo hace posible. No hace falta morir en sacrificio para dar la vida por otro.

Las mujeres vienen equipadas “de fábrica” con el amor abnegado. Piense en su madre. En las noches que no durmió para velar su sueño cuando estaba enfermo o con algún problema grave. En las cosas que resignó para ser madre. En que le puso en primer lugar, antes que ella.

Compartimos experiencias, diálogos, lágrimas, risas, travesuras, disparates, gestos. Dejamos nuestro ser sobre la piel del otro y también dentro de su corazón. De la misma forma el otro  nos deja algo de sí, de manera que somos un poco más el otro y un poco menos nosotros mismos.

El músico argentino Atahualpa Yupanqui decía que un amigo es uno mismo en otra piel. Hermosa imagen.

Como amigos vamos edificando un nosotros sin dejar de ser, del todo, uno y otro.

Amar sin temor.

En este camino de amar para no pecar, el temor es muy perjudicial. La Primera Carta de Juan dice: “18 No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor ejerce una restricción. En verdad, el que está bajo temor no ha sido perfeccionado en el amor.” (1ª de Juan 4: 18) Si bien el texto se refiere al amor por Jehová, no deja de tener aplicación en cuanto al amor entre seres humanos. Cualquier limitación en el amor que sentimos por el otro hace posible que el amor propio incline el plano de nuestras acciones hacia nosotros mismos, en una actitud egoísta, proclive a la falta.

¿Violar las normas bíblicas?

A veces el amor hace que actuemos de manera que parece violar principios bíblicos. Veamos algunos casos:

Salmos 26: “4 No me he sentado con hombres de falsedad;
ni entro con los que esconden lo que son.
 5 He odiado la congregación de los malhechores,
y con los inicuos no me siento.
 6 Lavaré mis manos en la inocencia misma,
y ciertamente marcharé alrededor de tu altar, oh Jehová, […]”

Mateo 11: “16 ¿A quién compararé esta generación? Es semejante a los niñitos sentados en las plazas de mercado, que dan voces a sus compañeros de juego, 17 y dicen: ‘Les tocamos la flauta, pero no danzaron; plañimos, pero no se golpearon en desconsuelo’. 18 Correspondientemente, Juan vino sin comer ni beber, pero dicen: ‘Tiene demonio’; 19 el Hijo del hombre sí vino comiendo y bebiendo, y no obstante dicen: ‘¡Miren! Un hombre glotón y dado a beber vino, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores’. De todos modos, la sabiduría queda probada justa por sus obras”.”

Mateo 9:10 Más tarde, estando él en la casa reclinado a la mesa, ¡mire!, muchos recaudadores de impuestos y pecadores vinieron y empezaron a reclinarse con Jesús y sus discípulos. 11 Pero al ver esto, los fariseos se pusieron a decir a sus discípulos: “¿Por qué come su maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?”. 12 Como [los] oyó, él dijo: “Las personas en salud no necesitan médico, pero los enfermizos sí. 13 Vayan, pues, y aprendan lo que esto significa: ‘Quiero misericordia, y no sacrificio’. Porque no vine a llamar a justos, sino a pecadores”.”

Lucas 7: “36 Ahora bien, uno de los fariseos seguía invitándolo a comer con él. Por consiguiente, él entró en la casa del fariseo y se reclinó a la mesa. 37 Y ¡mira!, una mujer que era conocida en la ciudad como pecadora se enteró de que él estaba reclinado a la mesa en casa del fariseo, y trajo una cajita de alabastro llena de aceite perfumado 38 y, tomando una posición detrás, junto a sus pies, lloró y comenzó a mojarle los pies con sus lágrimas, y se los enjugaba con los cabellos de su cabeza. También, le besaba los pies tiernamente y se los untaba con el aceite perfumado. 39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo dentro de sí: “Este hombre, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora”. 40 Pero, respondiendo, Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. Él dijo: “Maestro, ¡dilo!”.

41 “Dos hombres eran deudores a cierto prestamista; el uno le debía quinientos denarios, pero el otro cincuenta. 42 Cuando no tuvieron con qué pagar, él sin reserva perdonó a ambos. Por lo tanto, ¿cuál de ellos le amará más?” 43 Contestando, Simón dijo: “Supongo que será aquel a quien sin reserva le perdonó más”. Él le dijo: “Juzgaste correctamente”. 44 Con eso, se volvió a la mujer y dijo a Simón: “¿Contemplas a esta mujer? Entré en tu casa; no me diste agua para los pies. Pero esta mujer me ha mojado los pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; pero esta mujer, desde la hora que entré, no ha dejado de besarme los pies tiernamente. 46 No me untaste la cabeza con aceite; pero esta mujer me ha untado los pies con aceite perfumado. 47 En virtud de esto, te digo, los pecados de ella, por muchos que sean, son perdonados, porque amó mucho; mas al que se le perdona poco, poco ama”. 48 Entonces le dijo a ella: “Tus pecados son perdonados”. 49 Ante esto, los que estaban reclinados a la mesa con él comenzaron a decir dentro de sí: “¿Quién es este hombre que hasta perdona pecados?”. 50 Pero él dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.

«Muchas de las rameras que había en Israel demostraron tener mejor corazón que los líderes religiosos. Estas mujeres, despreciadas por los escribas y fariseos, aceptaron humildemente la predicación de Juan el Bautista, y Jesús las puso como ejemplo para los líderes religiosos cuando dijo: “En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras van delante de ustedes al reino de Dios”. (Mateo 21:31, 32.)» (Perspicacia, Prostituta, página 734)

¿Violó Jesús el principio declarado en el Salmo 26?

Juan 7: 16 Jesús, a su vez, les contestó y dijo: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado. 17 Si alguien desea hacer la voluntad de Él, conocerá respecto a la enseñanza si es de Dios o si hablo por mí mismo. 18 El que habla por sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que lo envió, este es veraz, y no hay injusticia en él. 19 Moisés les dio la Ley, ¿no es verdad? Pero ninguno de ustedes obedece la Ley. ¿Por qué procuran matarme?”. 20 La muchedumbre contestó: “Demonio tienes. ¿Quién procura matarte?”. 21 En respuesta, Jesús les dijo: “Un hecho ejecuté, y todos ustedes están admirados. 22 Por esto Moisés les ha dado la circuncisión —no que sea de Moisés, sino que es de los antepasados— y ustedes circuncidan a un hombre en sábado. 23 Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para que no sea quebrada la ley de Moisés, ¿se encolerizan violentamente contra mí porque hice que un hombre quedara completamente bien de salud en sábado? 24 Dejen de juzgar por la apariencia exterior, pero juzguen con juicio justo”.

Veamos otra cuestión:

Juan 8: “Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer, sin embargo, se presentó otra vez en el templo, y todo el pueblo empezó a venir a él, y se sentó y se puso a enseñarles. 3 Entonces los escribas y los fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y, después de ponerla de pie en medio de ellos, 4 le dijeron a él: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto de cometer adulterio. 5 En la Ley Moisés prescribió que apedreáramos a mujeres de esta clase. Tú, pues, ¿qué dices?”. 6 Por supuesto, decían esto para ponerlo a prueba, a fin de tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en la tierra con el dedo. 7 Como persistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: “El que de ustedes esté sin pecado sea el primero en tirarle una piedra”. 8 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra. 9 Pero los que oyeron esto empezaron a salir, uno a uno, comenzando por los ancianos, y lo dejaron solo, y a la mujer que estaba en medio de ellos. 10 Enderezándose, Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿No te condenó nadie?”. 11 Dijo ella: “Nadie, señor”. Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete; desde ahora ya no practiques pecado”.”

¿Incumplió Jesús la Ley?

Las leyes tienen una letra y un espíritu. La letra puede ser cumplida con frialdad maquinal, pero no siempre esta frialdad aplicativa resulta en justicia. Jesús no incumplió la Ley más que en apariencia, superficialmente. (Juan 7: 24) Para atender al espíritu de la Ley hay que llegar a comprender por qué y para qué fue creada.

La Ley fue creada para poner de manifiesto el pecado, para dar un marco moral con el que contener al pueblo de Israel, como un tutor o hayo, hasta que viniera el de las promesas, y para generar una deuda que hiciera posible el rescate de la humanidad perdida.

Para poner de manifiesto el pecado

Romanos 4: 15: “En realidad la Ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión alguna.” (En Derecho Penal, si no se tipifica un delito, no existe delito)

Romanos 5:13 Porque hasta la Ley había pecado en el mundo, pero a nadie se imputa pecado cuando no hay ley. 14 No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado a la semejanza de la transgresión de Adán[1], el cual tiene un parecido con el que había de venir.

Romanos 7: 7: “[…] Realmente, yo no habría llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por la Ley; y, por ejemplo, no habría conocido la codicia si la Ley no hubiera dicho: “No debes codiciar”.

Romanos 5: 20 Ahora bien, la Ley entró además para que abundara la ofensa. Mas donde abundó el pecado, abundó aún más la bondad inmerecida. 21 ¿Con qué fin? Para que, así como el pecado reinó con la muerte, así mismo también la bondad inmerecida reinara mediante la justicia con vida eterna en mira mediante Jesucristo nuestro Señor.”

Gálatas 3: 21 […] Porque si se hubiera dado una ley capaz de dar vida, la justicia realmente habría sido por medio de ley. 22 Pero la Escritura entregó todas las cosas juntas a la custodia del pecado, para que la promesa que resulta de fe para con Jesucristo se diera a los que ejercen fe.”

Como tutor o hayo.

Gálatas 3: 23 Sin embargo, antes que llegara la fe, estábamos guardados bajo ley, entregados juntos en custodia, esperando la fe que estaba destinada a ser revelada. 24 Por consiguiente, la Ley ha llegado a ser nuestro tutor que nos conduce a Cristo, para que se nos declarara justos debido a fe. 25 Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos bajo tutor.

Para generar la posibilidad del rescate.

Jesús nació como un hombre perfecto, como un último Adán, y fue puesto bajo ley para que recomprara a sus hermanos.

Gálatas 4: “Ahora bien, digo que mientras el heredero es pequeñuelo en nada difiere del esclavo, aunque sea señor de todas las cosas, 2 sino que está bajo hombres encargados y bajo mayordomos hasta el día señalado de antemano por su padre. 3 Igualmente nosotros también, cuando éramos pequeñuelos, continuábamos esclavizados por las cosas elementales que pertenecen al mundo. 4 Pero cuando llegó el límite cabal del tiempo, Dios envió a su Hijo, que vino a ser procedente de una mujer y que llegó a estar bajo ley, 5 para que librara por compra a [los que se hallaban] bajo ley, para que nosotros, a nuestra vez, recibiéramos la adopción de hijos.”

1ª a los Corintios 15: 45-47: “Así también está escrito: “El primer hombre, Adán, llegó a ser alma viviente”. El último Adán llegó a ser un espíritu dador de vida. 46 No obstante, no es primero lo que es espiritual, sino lo que es físico, después lo que es espiritual. 47 El primer hombre procede de la tierra y es hecho de polvo; el segundo hombre procede del cielo.”


La ley prometía vida a quien la cumpliera a cabalidad.

Romanos 10: 5: “Porque Moisés escribe que el hombre que ha cumplido la justicia de la Ley vivirá por ella.”

Pero condenaba a muerte a quien incumpliera uno solo de sus mandamientos.

Santiago 2:10 Porque cualquiera que observa toda la Ley, pero da un paso en falso en un solo punto, se ha hecho ofensor respecto de todos ellos. 11 Porque el que dijo: “No debes cometer adulterio”, también dijo: “No debes asesinar”. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero sí asesinas, te has hecho transgresor de ley.”

Ningún humano hijo de Adán podía cumplirla.

1ª de Juan 1: 8: Si hacemos la declaración: “No tenemos pecado”, a nosotros mismos nos estamos extraviando y la verdad no está en nosotros.”

Romanos 5: 12: Por eso, así como por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado.”

Romanos 3: 22-23: […] Porque no hay distinción. 23 Porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios,”

Ningún sacrificio era suficiente. Ninguna vida de la prole de Adán  valía tanto como la vida de humano perfecto que perdió Adán. Mucho menos las creaciones inferiores.

Hebreos 10: “Porque, puesto que la Ley tiene una sombra de las buenas cosas por venir, pero no la sustancia misma de las cosas, nunca pueden [los hombres] con los mismos sacrificios que ofrecen continuamente de año en año perfeccionar a los que se acercan. 2 De otro modo, ¿no habrían dejado de ofrecerse los [sacrificios], por cuanto los que rendían servicio sagrado, habiendo sido limpiados una vez para siempre, no tendrían ya ninguna conciencia de pecados? 3 Al contrario, por estos sacrificios se hace recordar los pecados de año en año, 4 porque no es posible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados.” (¿Entiende, ahora, lo que significa “ojo por ojo y diente por diente”?) - Puede ver el artículo "Ojo por ojo", del 1° de diciembre de 2015 -

¿Por qué “violó” Jesús mandamientos expresos?

Jesús estaba por darse en sacrificio a favor de la humanidad. Era necesario que el pueblo comprendiera que nadie podía cumplir la ley y alcanzar la vida. Antes bien, las transgresiones, por insignificantes que fueran, condenaban a todos a muerte. ¡Necesitaban y necesitamos un redentor! ¡Era vital que comprendieran eso! ¡Nadie era, ni es, autosuficiente!

Con magistral sabiduría, Jesús les hizo ver que ninguno tenía autoridad moral para ser ejecutor –y mucho menos juez- y que no estaban demasiado lejos de la mujer adúltera.

Además, ya estaban condenados a muerte, todos, la mujer adúltera y los que la llevaron ante Jesús. Desde que nacemos comenzamos a morir. Sin Jesús nadie puede evadir esto. (Aquí aplica la cita de Romanos 5: 14 – que se vertió más arriba) Ellos y los que nacieran en el futuro debían comprender eso.

Pero, verdaderamente, Jesús no violó nada. Cumplió a rajatabla con las normas de Jehová. Cumplió más allá de lo evidente, en espíritu y con verdad. Fue hasta el fondo de lo que la ley significaba, al verdadero propósito, a su espíritu, antes que a la letra fría. Aplicó la ley desde el motivo más profundo que propulsó su creación: el amor.

Adán no había tenido hijos cuando pecó. Toda la humanidad estaba “en sus lomos” y murió con él. Pero Dios quería que los hombres vivieran y que se cumpliera su propósito. (Isaías 55: 11) Jehová proveyó el rescate que lo hiciera posible dentro de Su Justicia. ¡Qué magnífica sabiduría![2]

Si su amor por Jehová, por la justicia y por la inocencia aconseja no sentarse con hombres de falsedad y usted no disfruta de sentarse con pecadores para compartir sus procederes, está cumpliendo con Dios. Pero Dios es amor; hay un cumplimiento mayor.

Con el motivo correcto en su corazón, es lícito sentarse a comer con recaudadores de impuestos y prostitutas:

10 Oh amadores de Jehová, odien lo que es malo.” (Salmos 97: 10)

14 ”’Busquen lo que es bueno, y no lo que es malo, a fin de que sigan viviendo; y que así Jehová el Dios de los ejércitos llegue a estar con ustedes, tal como han dicho ustedes. 15 Odien lo que es malo, y amen lo que es bueno, […]” (Amós 5: 14-15)

“También, continúen mostrando misericordia a algunos que tienen dudas; 23 sálven[los], arrebatándo[los] del fuego. Pero continúen mostrando misericordia a otros, haciéndolo con temor, mientras odian hasta la prenda de vestir interior que ha sido manchada por la carne. “(Judas: 22-23) Más claramente: odiar al pecado, pero no al pecador. La piel del otro marca la frontera entre el odio al pecado y el amor por nuestro semejante.

Con el motivo correcto en su corazón, es posible hacer sin culpa muchas cosas aparentemente desaconsejadas. “El amor no obra mal al prójimo, por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley” (Vea Romanos 13: 8-10).

Con “la pesa” colocada en el plato correcto, el corazón traicionero y desesperado de Jeremías 17: 9 muere, para dejar paso al “corazón” mejor de Jeremías 31: 33 y de Ezequiel 36: 26. Como la lengua del relato de Esopo[3], el corazón puede ser lo peor y lo mejor de este mundo; depende de qué lado pongamos “la pesa”.


APÉNDICE

Textos citados que no han sido vertidos en este escrito.

8 El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor. (1 Juan 4: 8)

4 ”Escucha, oh Israel: Jehová nuestro Dios es un solo Jehová. (Deuteronomio 6: 4)

17 Toda dádiva buena y todo don perfecto es de arriba, porque desciende del Padre de las luces [celestes], y con él no hay la variación del giro de la sombra. (Santiago 1: 17)

43 ”Oyeron ustedes que se dijo: ‘Tienes que amar a tu prójimo y odiar a tu enemigo’. 44 Sin embargo, yo les digo: Continúen amando a sus enemigos y orando por los que los persiguen; 45 para que demuestren ser hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5: 43-45)

18 El que se aísla buscará [su propio] anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará. (Proverbios 18: 1)

18 Y Jehová Dios pasó a decir: “No es bueno que el hombre continúe solo. Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él”. (Génesis 2: 18)

22 Ahora que ustedes han purificado sus almas por [su] obediencia a la verdad con el cariño fraternal sin hipocresía como resultado, ámense unos a otros intensamente desde el corazón. (1 Pedro 1: 22)

34 Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. 35 En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. (Juan 13: 34-35)

12 Este es mi mandamiento: que ustedes se amen unos a otros así como yo los he amado a ustedes. 13 Nadie tiene mayor amor que este: que alguien entregue su alma a favor de sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos si hacen lo que les mando. 15 Ya no los llamo esclavos, porque el esclavo no sabe lo que hace su amo. Pero los he llamado amigos, porque todas las cosas que he oído de mi Padre se las he dado a conocer a ustedes. (Juan 15: 12-15)

12 ”Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos; esto, de hecho, es lo que significan la Ley y los Profetas. (Mateo 7: 12)

11 así resultará ser mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados, sino que ciertamente hará aquello en que me he deleitado, y tendrá éxito seguro en aquello para lo cual la he enviado. (Isaías 55: 11)

8 No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley. 9 Porque el [código]: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar”, y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley. (Romanos 13: 8-10)

9 ”El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo? (Jeremías 17: 9)

33 “Porque este es el pacto que celebraré con la casa de Israel después de aquellos días —es la expresión de Jehová—. Ciertamente pondré mi ley dentro de ellos, y en su corazón la escribiré. Y ciertamente llegaré a ser su Dios, y ellos mismos llegarán a ser mi pueblo.” (Jeremías 31: 33)

26 Y ciertamente les daré un corazón nuevo, y un espíritu nuevo pondré dentro de ustedes, y ciertamente quitaré el corazón de piedra de su carne y les daré un corazón de carne. (Ezequiel 36: 26)

Todas las citas bíblicas tomadas de: Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras, Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc. International Bible Students Association, Brooklyn, New York, U.S.A.

Es muy saludable leer los textos bíblicos en la misma Biblia. Un texto bíblico copiado no tiene el mismo poder que el mismo dentro del Libro, que es inspirado y funciona como una espada de doble filo. Estas transcripciones están hechas para quienes no tienen el privilegio de poseer una copia propia de la Biblia. – (Busque Hebreos 4: 12-13)

Asimismo, es recomendable que compare con otras traducciones de la Biblia.


[1] Lo resaltado en negrita se usará más adelante para justificar otro punto.
[2] Satanás pensó que ya había ganado, que había hecho que todo hombre renegara de Dios, puesto que todos los hombres estaban en Adán. Pero Jehová dejó nacer a la humanidad retrasando la muerte de Adán y, entonces,  hubo Abel, hubo Job, hubo Moisés y fueron Abrahán, Isaac, Jacob, Isaías, Jeremías, Juan el bautizante, Rut,  Ester, Rebeca y Abigail, entre otros, quienes se encargaron de demostrar que el Ángel rebelde no tenía razón.
[3] En “La zorra y las uvas”, hay un diálogo entre Esopo, que es un esclavo, y su dueño. El señor de Esopo tiene por invitado a un militar, y para convidarlo le pide a Esopo que vaya a buscar al mercado el mejor de los manjares. Lo prueba y pregunta qué es.
Es lengua, y entonces lo vuelve a enviar al mercado para traer, esta vez sí, lo mejor que haya. Vuelve Esopo a traer lengua, y entonces el amo le pregunta por qué trae nuevamente lengua y si lo quiere poner en ridículo, y Esopo contesta: «¿Qué hay mejor que la lengua? La lengua es lo que nos une a todos cuando hablamos. Sin la lengua nada podríamos expresar. La lengua es la clave de la ciencia, el órgano de la verdad y de la razón. Gracias a la lengua se construyen las ciudades, gracias a la lengua decimos nuestro amor, con la lengua se enseña, se persuade, se instruye, se reza, se explica, se canta, se escribe, se demuestra, se afirma. Con la lengua dices madre, querida y Dios; con la lengua decimos sí. La lengua ordena a los ejércitos la victoria. La lengua desgrana los versos de Homero, la lengua crea el mundo de Esquilo, la palabra de Demóstenes. Toda Grecia, desde las columnas del Partenón a las estatuas de Fidias, de los dioses del Olimpo a la gloria sobre Troya, desde la oda del poeta a las enseñanzas del filósofo, toda Grecia fue hecha con la lengua. La lengua de los griegos bellos y claros hablando para la eternidad.»
Lo felicitan a Esopo, y para probar su habilidad lo envían nuevamente al mercado, pero esta vez para traer lo peor que haya. Esopo vuelve nuevamente con lengua. Cuando le preguntan por qué, él contesta: «La lengua es lo peor que hay en el mundo. Es la fuente de todas las intrigas, el principio de todos los procesos, la madre de todas las discusiones. Usan la lengua los malos poetas que nos fatigan en la plaza, usan la lengua los filósofos que no saben pensar. La lengua miente, esconde, tergiversa, blasfema, insulta, se acobarda, mendiga, impreca, babosea, destruye, calumnia, vende, seduce, delata, corrompe. Con la lengua decimos muere, canalla y plebe; con la lengua decimos no. Aquiles expresó su cólera con la lengua, con la lengua tramaba Ulises sus ardides. Grecia va a agitar con la lengua a los pobres cerebros humanos para toda la eternidad. Ahí tienes por qué la lengua es la peor de todas las cosas.»

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